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León

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LA CAMPAÑA etarra, a todas luces ejecutada por un comando itinerante cuyos integrantes logran pasar inadvertidos entre la aglomeración estival, no consigue desatentar a la paciente ciudadanía, cargada de fatalismo y acostumbrada a dar la cara ante las arremetidas de nuestra crónica hidra terrorista. De nuevo hay que negar la posibilidad de encontrar cualquier elemento de racionalidad en semejante alarde macabro de los inadaptados independentistas, pero este pertinaz martilleo sobre la resistencia de la opinión pública no beneficia al nacionalismo vasco, ya que, al persistir la amenaza, queda más al desnudo su unilateralismo en el Plan Ibarretxe. En el aspecto puramente policial, preocupa que las fuerzas de seguridad del Estado no consigan esta vez encontrar la pista de los criminales.

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