LA VELETA
Morir de gloria
«PREPÁRENSE a aguantarme hasta la próxima legislatura». De esta forma el presidente de la Xunta Manuel Fraga despejó cualquier duda sobre su intención de presentarse por quinta vez a las elecciones autonómicas. El anuncio no ha pillado de sorpresa a nadie. En múltiples ocasiones ha dejado entrever su deseo de morir con las botas puestas. La pregunta es si un hombre de su edad, 81 años, está en plenas facultades para cumplir con las obligaciones de su cargo y aún en ese caso si el Partido Popular debería afrontar en Galicia la renovación de sus cuadros dirigentes que tanto ha predicado en Madrid. Fraga ha sido y es un referente de la vida política. Lleva mas de 50 años en la cosa pública y ha tenido ¡como no! sus luces y sombras pero su servicio a este país es innegable. Es un hombre de una inteligencia fuera de lo normal y ha sido honrado y trabajador a carta cabal, lo cual es muy encomiable. Pero no basta. También en la grandeza de una persona debe estar su capacidad de autocrítica y generosidad para ver cuando ha llegado el momento de la retirada. Por muy bien que se encuentre el octogenario, la edad pasa factura a todo el mundo y ya no es solo el hecho de que lleve un marcapasos o un fajín para aliviar sus dolencias de columna, sino de su capacidad real de resistencia para poder cumplir la agenda enloquecida que tiene un político en activo. El mismo para defenderse de la crítica se ha comparado con el que fuera canciller alemán después de la Segunda Guerra Mundial Honrad Adenauer, que se mantuvo en el poder hasta los 87 años, pero ni las circunstancias son las mismas ni el caso parecido. De entrada el PP quiso dar un ejemplo de limitación de mandatos con la marcha de Aznar y ahora con Fraga hace justamente lo contrario. Veinte años en el poder son demasiados años y desde luego por mucho que el anciano dirigente siga consiguiendo mayorías absolutas, su sucesión es una asignatura pendiente que los populares no quieren o no pueden afrontar. Fraga, como en su día hizo Pujol, debe afrontar sin mas dilación una sucesión ordenada y el PP gallego encontrar un nuevo líder. El tiempo corre en su contra y seria un grave error que la intensa y dilatada carrera de don Manuel se viera ensombrecida por un personalismo que él ya no necesita y el PP menos.