EN EL FILO
La pasión de mirarse el ombligo
CONFIESA un dirigente del PP que hacer oposición no es fácil; lo que resulta fácil es gobernar. Puede ser cierto. Desde el Gobierno se sabe más o menos lo que hace y va a hacer la oposición, pero desde la oposición se desconocen muchos criterios del Gobierno. Por eso Rajoy quiere hablar con Zapatero, para enterarse de cuál es el modelo de Estado que contempla el presidente y hasta los límites que éste habría fijado a las reformas constitucionales y autonómicas que van a debatirse, cuando les llegue el momento, avanzado ya el año 2005. Las tensiones territoriales pueden esperar. Nuestras tensiones territoriales parecen originadas no sólo por interpretaciones peculiares de la Historia sino, muy especialmente, por el hábito en cierto modo vicioso de nuestras fuerzas políticas de mirarse exageradamente el ombligo, como si al margen de las emociones nacionalistas no hubiera otro escenario. Le corresponde a España este mes la Presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un escaparate internacional de gran repercusión mediática y un excelente observatorio para ver los problemas del mundo. Desde la pobreza y el hambre hasta la tragedia de Sudán, reflejo de horribles actitudes inhumanas; desde el túnel palestino/israelí, sin salida a la vista, a la ocupación de Irak, donde los problemas se agolpan como alfileres en un acerico; desde el deterioro que la guerra contra Sadam Husein produjo a la ONU a los esfuerzos actuales por reconvertir ese organismo planetario en símbolo del multilateralismo internacional. Va a tener la oportunidad Zapatero de contemplar desde Nueva York, durante su presencia activa en la Asamblea General de las Naciones Unidas, la pasión española por mirarse cada fuerza política su propio ombligo. Tras esa experiencia en Manhattan, el presidente del Gobierno español, habituado a relativizar los problemas políticos más graves, probablemente relativice aún más las grandes cuestiones que se plantean en España y que, en el fondo, se reducen a suavización de tensiones, sean territoriales o políticas, para que mediante unas intervenciones quirúrgicas de escaso calado en la Constitución y de mayor calado en un par de estatutos, el andaluz y el catalán, para que el Estado autonómico no chirríe. Desde la oposición se contemplarán con sana envidia las maniobras internacionales de Zapatero, incluida esa cena informal que reunirá en La Moncloa el próximo día 13 a Schroeder y Chirac con su anfitrión. ¿Es más fácil gobernar que oponerse? Gobernar es por lo menos mucho más lucido.