Publicado por
J.F. PÉREZ CHENCHO
León

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A RIESGO de ser pesado -y no lo creo- he de abrir hoy de nuevo esta balconada para continuar analizando el culebrón que están escenificando populares, socialistas y leonesistas sobre el Pacto municipal en el Ayuntamiento de León. El martes, el concejal popular Francisco Saurina, en rueda de prensa, reconoció expresamente que las conversaciones con la Unión del Pueblo Leonés -UPL- estaban muy avanzadas y que la carta de Mario Amilivia sólo era como una especie de sayón para vestir al muerto. Pocas horas después alguien le mandó emitir un comunicado en el que se rectificaba a sí mismo: donde dijo negociación quiso decir conversación y otros dimes y diretes. Pueden confundir a los necios, acostumbrados a pacer la hierba, pero no a los listos, que la ven crecer. Las negociaciones, como las meigas, haberlas, hailas. Han existido. Es algo que, antes o después., tendrán que explicar Joaquín Otero, Luis Herrero Rubinat y Lázaro García Bayón, empezando por los órganos de la UPL. Tendrán que dar muchas explicaciones, porque no sólo hay una batalla por la Alcaldía de León. Lo que se está moviendo a ras de suelo en León tampoco es sólamennte una batalla entre PP y PSOE, entre la derecha e izquierda. Hay muchas más entremezcladas y a la sombra de las principales. La cúpula regional del PP las tiene perfectamente estudiadas y está al corriente de las mismas, como reconocía a este mismo periódico Alfonso Fernández Mañueco. Asociada a la batalla de la Alcaldía de León está de nuevo la presidencia de Caja España. No descarto, ni mucho menos, el pulso tenaz sostendido entre las dos organizaciones patronales, Fele y CEL. Debo recordar que el actual presidente de Caja España, Victorino González Ochoa, también es presidente de la Cámara de Comercio de Astorga. Y que si alcanzó el terciopelo fue gracias al acuerdo estratégico alcanzado en su momento por José María Rodríguez de Francisco y el CEL. Y dicho con rotundidad: contra las previsiones del PP y los intereses de la Fele. Tal vez, precisamente por eso, estorbaba Rodríguez de Francisco. Igual que Cecilio Vallejo. Ninguno era grato en las negociaciones. Como es sabido, ninguno de los dos pertenecen a la «cuadra» de la mano berciana que mece la cuna del conjunto del PP leonés. Hay otra guerra que obsesiona en Valladolid: tener un Ayuntamiento dócil y sumiso en León, una capital de provincia a la que nunca han entendido y donde no se sienten queridos. Cuatro años de Gobierno municipal en León, independiente de la Junta y con hilo directo en Madrid, es una perspectiva que provoca neuralgias en Valladolid. De seguir el actual Gobierno municipal que apadrina Paco Fernández, sería una fuente permanente de comparaciones problemáticas para el conjunto de Castilla y León. La gran jugada para el presidente del ejecutivo autonómico, Juan Vicente Herrera, y Mañueco culminaría desde el momento en que el pacto espúreo de unos concejales desprestigiaran totalmente al conjunto de la UPL. La coartada les dejaría en trance de desaparición. Sería perfecta.

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