CON VIENTO FRESCO
Memoria y verdad histórica
ES PARADÓJICO que quienes propugnan la destrucción de todo vestigio que recuerde a uno de los bandos de la Guerra Civil, se organizen como una asociación que se denomina para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Por lo que se ve, tal asociación no busca recuperar toda la memoria de la guerra, sino sólo la de una parte; porque según sus miembros, la única memoria políticamente correcta, es la del bando republicano, la otra debe condenarse al olvido. La damnatio ad memoriam fue una práctica frecuente en el imperio romano. Los de un bando destruían y mutilaban las efigies, o borraban los epígrafes del bando contrario, condenándolo al olvido. La memoria, sobre todo la histórica, suele ser muy selectiva, aunque con el tiempo los historiadores lograrán restituirla. Ahora vivimos un momento de damnatio, de destrucción interesada de uno de los bandos de la guerra incivil de 1936. Por eso no me ha extrañado la decisión del alcalde socialista de Villafranca del Bierzo, de derruir, sin negociarlo con la oposición, el monolito dedicado en esa villa al comandante Manso. No es mi intención polemizar sobre este hecho. Ni siquiera me parece mal que se eliminen los símbolos de la guerra si son un motivo de discordia entre los vecinos. A unos les disgustaba la presencia de un monolito al «libertador» de la villa; otros lo defendían sin mucho entusiasmo; para la mayoría pasaba prácticamente inadvertido, pues nada saben de la guerra y de sus protagonistas. Más interesante que su destrucción, hubiera sido su retirada y musealización, conservándolo como un recuerdo histórico de aquella guerra fratricida. No discrepo por la supresión del monolito, ni de algunas de las razones alegadas para hacerlo; pero no puedo aceptar otras que me parecen infamantes y que no responden a la verdad histórica. Ya en otra ocasión en que se exigió su destrucción, se emitieron juicios sobre el comandante Manso que me parecieron inadmisibles. Se le calificó entonces de «carnicero del Bierzo»; ahora se le acusa de haber llenado las cunetas de muertos. Nunca se ha aportado un sólo testimonio que pruebe esa acusación, que es con toda probabilidad falsa. El comandante Manso, Jesús Manso Rodríguez (1889-1936), es culpable de haberse sublevado contra la República. Esto nadie lo puede negar; lo hizo con su regimiento al igual modo que otros muchos militares. No seré yo quien justifique el alzamiento, aunque las posturas historiográficas sobre este hecho están muy enfrentadas con argumentos a favor y en contra. Manso llegó a Villafranca del Bierzo a las diez de la mañana del día 21 de julio, villa en la que no hubo la menor resistencia. Aquí pasó dos horas, dirigiéndose luego a Cacabelos a donde llegó sobre las doce del medio día, y en el que apenas se detuvo una hora para comer. La única resistencia se produjo en Ponferrada, donde mineros y partidarios de la República combatían contra la guardia civil. En esta ciudad hubo algunos muertos en la refriega no en las cunetas, pero al atardecer la resistencia había concluido. Desde Ponferrada la Guardia Civil penetró en la cuenca minera, mientras la columna militar proseguía hacia Madrid, como establecían los planes de Mola. Diez días después, el 31 de julio, el comandante Manso moría en el frente de Guadarrama, en el Alto del León, y el 2 de agosto, en un acto multitudinario, era enterrado en Lugo. Fue este hecho, el de ser uno de los primeros oficiales muertos en combate, lo que lo convirtió para el franquismo en un héroe al que se mitificó, dedicándosele monolitos, calles y plazas. ¿Cómo llenó las cunetas de muertos en el Bierzo un hombre que apenas estuvo un par de días en la comarca y que, como sublevado, tuvo una efímera vida de poco más de diez días?. No critico la decisión del gobierno socialista de Villafranca, ni justifico la sublevación de Manso, pero no soporto la mentira ni su instrumentalización política.