Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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SI LOS partidos políticos pensaran de manera idéntica en todas las cuestiones tendrían que unificarse y volveríamos al partido único. La discrepancia es necesaria, aunque a veces no sea imprescindible, más que nada porque la variedad es la gran musa del mundo y lo hace más ameno. La adopción por homosexuales y la palabra «matrimonio» son lo que están separando más las propuestas de PSOE y PP. La primera demuestra que sigue habiendo gente rara que cree que es mejor que una criatura permanezca en el orfelinato, sin que nadie le dé nunca un beso, a que tenga papá y papá en algunos casos y mamá y mamá en otros. Aunque eso rompa un poco la tradición, somos muchos los que creemos que es altamente preferible a una larga experiencia inclusera. En cuanto al empleo de la palabra «matrimonio», si no estriba más que en la sustitución de un vocablo, debiera llegarse a un acuerdo. «Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas», dijo Juan Ramón Jiménez. Si los dos bandos estuvieran poblados por personas más inteligentes, solucionarían de modo razonable el problema semántico y las parejas homosexuales, que por lo menos tienen algo en común, podrían unir sus vidas bajo cualquier otro rótulo. ¿Por qué no llamar «unión civil» al terrible vínculo que siempre se ha venido denominando «matrimonio»? El caso es conseguir la equiparación de dreechos. Las diferencias de criterio crecen siempre que se reúnen algunas personas con la intención de reducirlas. Empiezan por discutir sus respectivas posturas y pronto cada parte se atrinchera en sus certezas absolutas. El resultado es que la primera víctima es el sosiego, sustituido por eso que llaman amor propio. Nadie quiere dar su brazo a torcer, no sea que le dejen manco de argumentos. Si todo consiste en cambiar 14 artículos del Código Civil, quizá fuera bueno acometer con rapidez esas transformaciones. Cada época tiene su melodía y los políticos tiene la obligación de escuchar esa música, en vez de tomarlo todo al pie de la letra.

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