Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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LA MAYORÍA de los españoles no tenemos nada que temer ante la reforma del Código Penal: que tiemblen los delincuentes. Si entre nuestros proyectos más inmediatos no está conducir en estado de embriaguez, poner en circulación moneda falsa o cortar árboles de especies protegidas, debemos estar tranquilos. Los enemigos radicales de la pena de muerte en ocasiones la echamos de menos, por mucho que nos repugne el asesinato legal, todavía vigente en medio mundo. ¿Qué hacer con los que se dedican a la pornografía infantil o a engañar a los ciegos con billetes fuera de la circulación?. Lo mejor sería evitar que fueran reincidentes, pero no. Nadie debe matar a nadie. Lo que sí está muy bien y favorece a las personas honradas es el endurecimiento de los castigos, pero sin exagerar. La reforma del Código Penal empezó ayer y ya hay quien dice que quienes la han hecho se han pasado un poco, en determinados casos.La dulcificación de las penas ha venido siendo una constante en los países civilizados y ahora nos estremece saber que a un ladrón se le cortara una mano. La legalidad puede ser monstruosa. En ciertas épocas, no tan remotas, la blasfemia, aunque fuese con causa justificada, se castigaba con enorme severidad, aunque siempre menos que los «insultos al Jefe del Estado». Siempre que se altera algo se producen críticas y hay quien no está de acuerdo con la supresión de los arrestos de fin de semana, ni con eso de que los maltratadores vayan a prisión si violan la orden de alejamiento. La estadística demuestra que los maltratadores no suelen tener antecedentes penales, aunque hagan lo posible por tenerlos, y eso les salva del cumplimiento de la pena que se les impone. La Justicia con mayúscula, como todos sabemos, es de linaje divino y es muy difícil aplicarla de manera adecuada. Aemás, hay que tener en cuenta que son muchos los que «por no tener, con oficios no debidos se mantienen». Extremar con ellos los castigos es impedir su regeneración. Aunque parezca inverosímil, hay gente que cambia.

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