EN BLANCO
Historietas
DESDE que mister Bush, respaldado por el británico Blair y «Axiomas» Aznar, -tal como se le conoce cariñosamente en la Universidad de Georgetown-, decidió asumir la carga del hombre blanco y diseñar un Universo a su medida económica, lo cierto es que el mundo avanza en zigzag, igual que una chispa eléctrica. La pandilla del trueno ha pretendido imponer la supremacía de los valores occidentales a base de bombazos, con el único resultado práctico de llevarnos a todos en línea directa hacia una sierra circular. En un intento de justificar este necio experimento de ingeniería política y social, tratan de apuntalar su realidad alternativa a base de una serie de argumentos en los que se sienten vibrar las mentiras. Por un lado, Bush declara ante la Asamblea de la ONU que deben acabar las «humillaciones diarias» sufridas por los palestinos, al tiempo que su Administración vende 5.000 bombas inteligentes a Israel para que siga aliñando a un pueblo justo al borde del genocidio. Y mientras tanto Aznar ha chasqueado el interruptor de su privilegiada cabeza de estadista, dictando en la cátedra universitaria que dirige tesis antediluvianas sobre cierta querella bélica que mantenemos árabes y españoles desde el siglo VIII. Resulta evidente que desde los funestos idus electorales de marzo, causantes de graves heridas narcisistas en su psique, tiene alquilado un piso en Aznarlandia. En vez de contar historietas, el profesor «leña al mono» debería tratar de enseñar una verdad tan evidente como que la guerra sólo sirve para matar.