CRÓNICAS BERCIANAS

El alcohol y el influjo de la boina gallega

Publicado por
León

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LO HA VENIDO a santificar la última encuesta del Plan Nacional sobre Drogas. Los adolescentes españoles se dan al alpiste cada vez con mayor precocidad. Pero lo que yo no comprendo es por qué no nos mesamos los cabellos hasta que la demoscopia nos ratifica que nuestros hijos o nuestros sobrinos empiezan a empinar el codo con profusión al cumplir los 13 añitos de media. Es decir, cuando otras generaciones se empapuzaban con el Jabato, y los más pueriles con las lacrimógenas desventuras de Heidi o de Marco. El problemón, sin embargo, está en la calle. Todo lo contrario que la policía o las autoridades. En Ponferrada, o acaso lo he soñado, cada sábado hacia las seis de la tarde da la extraña impresión que a la puerta del «Dia» de la avenida Válgoma Suárez se regalan entradas para el próximo concierto de Estopa o tal vez para el espectáculo de Los Lunis. La mayoría del rebaño no ha cumplido los 13, y uno ignora porque fuman torpes y nerviosos hasta que por las puertas del supermercado surge la figura del Al Capone juvenil, suministrador clandestino del anhelado superbotellón. Que por cierto, poco tiene que ver ya con el humilde calimocho, porque de las bolsas del «Dia» lo que más asoman, alegres, son los cuellos de los envases de ginebra y de güisqui. Luego, en apenas medio minuto, la infantil comitiva se ha evaporado de la calle en busca de la tajada colectiva. Y no es cómo para bromear. Tampoco para imponer la Ley Seca. Pero al hilo de los últimos acontecimientos políticos comarcanos, no oculto que esta semana me he llegado a preguntar sacásticamente si es que los chavales no se acercarán tan pronto al alcohol porque perciben que sus padres públicos están como chotas. Y no sé de que modo, ya que realmente no creo que ninguno se haya detenido a ponderar escenarios tan esperpénticos como por ejemplo el del PP berciano, donde ahora se representa como por contagio valleinclanesco la asonada gallega contra Fraga y Rajoy. Aquí, sin embargo, los de la boina «baltariana», capitaneados por la espartaquista Fátima López Placer, parecen muchísimos más que los del birrete urbanita de los de Ponferrada o Bembibre. Pero hace ya tiempo que fueron crucificados por Herrera y Mañueco. A tal punto que a la poderosa pareja no le va a temblar ahora la mano. Ni bajo la amenaza cierta del desmantelamiento masivo del partido en el Bierzo, ni frente a la sospecha de que surgirán «conselleiros de pesca» -tal vez en los dos bandos- que en plena marejada proclamen tamb ién quiénes, o quiénes no, se han enriquecido a cuenta del partido. Lamentaba recientemente el secretario provincial del PSOE, Miguel Martínez, la falta de liderazgo de su formación en Ponferrada. Puede sentirse un plácido tuerto. El «corpus» popular corretea entre Piedrafita y El Manzanal como un pollo decapitado. Martínez, con todo, debería tener en cuenta muchas voces de su propia organización que testimoniarían que el liderazgo en la capital berciana no se perdió tras Charo Velasco, sino más bien por su culpa; que nunca llegó a encontrarlo. Pues eso. ¡De delirium tremens!

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