Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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ASÍ COMO hay carteros que en su día de descanso se dan un largo paseo y acomodadores de cine, de los que ya no quedan, que cuando libran se van a ver una película, hay presos que cuando les dan un permiso aprovechan para hacer lo que más les gusta, que es precisamente lo que les ha llevado a prisión. Se entiende por vacación el cese de la actividad habitual, o sea, una tregua laboral, un descanso que a veces consiste en cansarse de otra manera, pero contra las vocaciones fuertes hay muy poco que hacer. Los reclusos que disfrutan de permiso disfrutan aún más matando, en especial los violadores. No se sabe por qué, ya que eso entra dentro del terreno movedizo de la patología, pero las estadísticas policiales prueban que todo violador de permiso, aunque no viole la ley, vuelve a violar a alguien. El caso del asesino de las dos agentes de Policía en prácticas, al que todavía hay que llamar presunto, ha suscitado de nuevo la polémica acerca de la legalidad de los asuetos penitenciarios. ¿Quién es tan cruel para oponerse a que salgan a la calle los reclusos de buen comportamiento? ¿Quién es tan tonto como para creer que van a observar una conducta intachable? Y, hablando de bobos, ¿qué se puede pensar del psicólogo y del educador de la cárcel que dieron unos informes favorables? Si no hubieran visto tan claro que el tipo al que dejaron suelto estaba regenerado y era absolutamente inofensivo, Silvia y Aurora, las dos muchachas de 28 y 23 años, policías en prácticas, estarían vivas. La biografía del asesino no nos permite dudar de lo decidido de su vocación. Siempre tuvo claro cuál era su tarea. En 1985 fue condenado a 17 años. Cuatro años después cometió un delito de robo y otro de violación antes de cumplir su anterior pena. Pasados tres años empezó a disfrutar permisos ordinarios y volvió a cometer otro delito de robo con violación. ¿Por qué un personaje así volvió a mezclarse con las personas decentes? Ahora todo son lamentaciones, pero lo que hay que lamentar es que lo que llamamos Justicia esté en las manos que está. Y en las cabezas.

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