AL TRASLUZ
Somos
LOS PARTIDOS son conscientes de que se han producido cambios importantes en los valores ideológicos de la sociedad. Se puede ser conservador ¿pero tiene sentido serlo con los criterios de los años sesenta, al estilo de ese señor de negro que plasmaba Mingote en sus chistes? ¿Acaso no chirrían quienes ignoran que el muro de Berlín ya fue derribado? España ha cambiado. No hace tantos años, estar separado podía perjudicar en determinados trabajos. Hace poco, un joven con pendiente o tatuajes estaba fuera del sistema, hoy son muchos quienes los llevan, sin necesidad de que se haberse alistado en Los Angeles del Infierno. Podrían ponerse docenas de ejemplos. España ha cambiado, en unos aspectos a peor -la entrega a la telebasura-, y en la mayoría de ellos a mejor. Es una cuestión de equilibrios, de nuevas energías que han de suplir -o convivir- con las viejas. No obstante, pese a lo dicho, hay un puñado de valores colectivos que siempre estarán ahí, porque no son modas ni meras corrientes de opinión. Quizá, uno de los grandes debates sea concretar cuáles son ese puñado de valores, lo que persiste y persistirá, lo que es. Pero España ha cambiado, la hemos cambiado entre todos. Como susurra Galadried al comienzo de la película El señor de los Anillos, «el mundo ha cambiado, lo siento en el agua, lo siento en el aire». Y nosotros formamos parte de ese mundo. Hace mucho que ya no somos pinturas negras de Goya. Somos velazqueños, picassianos, mironianos, dalinianos... realistas o abstractos, cubistas o metafísicos. En fin, tan diversos como iguales.