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JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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EL COMITÉ de empresa de Antibióticos continúa sus destajos. Ayer, aunque no confirmado de forma oficial, volvieron a reunire sus miembros con la dirección de Sir Fidia y de la Junta de Castilla y León. Está en juego la subsistencia del buque insignia empresarial de León. Todos los estudios certifican que sufre boquerones en su estructura y puede hundirse sin remedio. Paralelamente, los ugetistas también tensionaron sus dudas y temores. Sospechan que los ejecutivos italianos pretenden dejar morir a Antibióticos, no dicen si de pena o de aburrimiento. Quizá sea de las dos cosas al mismo tiempo. Así evitarían soltar fórmulas y patentes. Desconozco si ayer se logró avanzar en la negociación. Supongo que no, pese a la persuasión del viceconsejero Raimundo Torío. Llovía sobre mojado. Dos días antes, al más alto nivel, no se logró nada. Absolutamente nada. El comité de empresa se estrelló contra las autoridades económicas de la Junta, con Tomás Villanueva a la cabeza; contra los dueños de la factoría, y sin que los responsables sindicales de UGT y de CC.OO. pudieran abrir una sola gatera para ver el futuro. Tomás Villanueva instó, una y otra vez, al comité de empresa para que no abrazara el último límite: la convocatoria de huelga. La desavenencia fue total. Si negociaciones posteriores no lo remedian, el 4 de noviembre se paralizará todo en Antibiótics: cepas de investigación, producción de fármacos, distribución y exportación. Todo. El consejero de Economía, Tomás Villanueva, visionó ante los representantes de los trabajadores un futuro de negritud. Eso sí, dijo que la Junta apoyará todas las iniciativas tendentes a recuperar la viabilidad de la empresa, pero que «si no se puede salvar todo, hay que salvar lo que se pueda». Es la técnica del incendio familiar: en lugar de poner todos los esfuerzos en apagar el fuego, se concentran en salvar algunos muebles. A eso no está dispuesto el comité de empresa. No acepta, de ninguna manera, que la salvación de Antibióticos pase por reducciones de empleo, suspensiones temporales, o cualquier otra medida que no sea un plan industrial de futuro. El comité de empresa ve una especie de apocalipsis cuando afirma: «Nos espera una dura batalla que, estamos seguros, nos va a costar expedientes de regulación y puestos de trabajo». El comité de empresa no se apea de los cinco puntos grabados en la columna que sostiene la asamblea de trabajadores: retorno de la producción de cefalosporinas, independencia de gestión, nuevas líneas de producción, que revierta en la factoría leonesa todo el dinero invertido en Biotecnología y, por último, subida salarial del 2,5% para el próximo año. La empresa calla en los cuatro primeros, pero no acepta y amenaza en lo que respecta al quinto. Como los jefes son italianos, no conocen el refrán español: «No hay quinto malo». No lo admite y pone sobre la mesa el posible expediente de regulación de empleo para los dos próximos años. Con estos andamios, será muy difícil construir el futuro de Antibióticos. La empresa farmacéutica fue el buque insignia empresarial de León. Era como un signo de distinción trabajar en ella. Hoy, lamentablemente, ni es buque ni canoa. Y trabajar en ella es una convulsión.

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