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B. CABEZAS | GONZÁLEZ-HALLER
León

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LOS LEONESES, que vienen realizado el conjunto de actividades comerciales, hosteleras y otras, tienen que ponerse a pensar. Y la primera conclusión debe ser: tenemos que unirnos para defendernos. Creo que tendrán que decirle algo al equipo del Ayuntamiento que da esas licencias. Y también tiene que ponerse a pensar los consumidores, sobre todo, a esos que responden a los anuncios publicitarios, como idiotas. Desde esta misma tribuna, cuando se empezó a presentar el proyecto de eso, previne del atasco y del disparate, porque no es el lugar de ubicación de actividades de esa dimensión. Naturalmente, es un buen sitio para el propietario, pero muy malo para los ciudadanos, que entran y salen todos los días en la ciudad, y para los que viven en las proximidades. Y lo peor aún no ha llegado: prepárense para cuándo habiten los cientos de viviendas que se construyen en los aledaños y en los municipios próximos. El Colegio de Arquitectos, pero sin enfadarse, publicó un libro en el que se puede leer, que el urbanismo de León de los últimos años es «desordenado». Cualquier observador puede comprobar que sólo diez años han sido suficientes para desordenar el espacio de tal forma que ya es imposible hacer calles adecuadas, tanto en León como en los municipios que constituyen el área metropolitana. Cuando se construyen muchas viviendas sobre calles estrechas y se dan licencias, sin sentido común, para macroactividades, pues el problema esta servido. El día 20 de Octubre, un millar de distinguidos rindieron honores al dinero (Nietzsche: Dios ha muerto. Y lo hemos matado nosotros. O sea, el capitalismo que actúa en régimen de oligopolio). Por supuesto, separados de la masa, que se convoco, solemnemente, para el día siguiente. Efectivamente, los ciudadanos, cómo si de un concurso de idiotas se tratara, acuden a ver que hay allí. La publicidad, el populismo y la carga demagógica desplegada a través de todos los canales de comunicación, y alguna oferta de gancho, dio lugar al fenómeno. La masa, ya se sabe, es masa. No creí que los ciudadanos de León padecieran tanta ansiedad. Lo que hemos constatado, con el monumental atasco inaugurado, es que ese centro nunca se debió autorizar en ese sitio. La única entrada y salida a la ciudad que aún no tenia atascos, pues ya tiene, para siempre, el mayor. ¿Por qué dicen que beneficia a León? De entrada, León siempre ha tenido suficiente comercio- o quizás excesivo- en relación al dinero que tenemos disponible para el consumo, la mayoría de los ciudadanos. Por lo tanto, si ese ce ntro se gasta mucho pues se gastará poco en la red comercial, hostelera y de actividades diversas, que han dado y dan vida al conjunto de la ciudad: la iluminan, la embellecen, generan solidaridad, cultura y sirven de terapia. El trato que hay en el comercio tradicional quita la ansiedad que genera la publicidad y el ambiente ficticio que hay en los grandes centros de consumo. Esto es aritmética pura: sí gasto mi dinero en un lugar, no puedo hacerlo en otras partes. No digan que crean puesto de trabajo sin hacer un estudio de los que destruyen. Y no sólo eso, impiden a los emprendedores jóvenes abrir negocios o a los hijos de los ya establecidos continuar con el negocio del padre o del abuelo. En este caso además del suyo, cr ean otros puestos de trabajo. Pero con esta presión, no pueden hacer nada. Ya está ese centro ahí; y las grúas, indicando cómo se construyen cientos de viviendas, y no hay calles, ni siquiera, para el tráfico de hoy. ¿ Y ahora qué?.¿ Soportamos los ciudadanos el atascos toda la vida, para que unos pocos, que no lo sufren, porque ya buscan los lugares estratégicos o viven no se sabe dónde, ganen mucho dinero? Cuándo enfermos graves se mueran en el camino, porque el coche que los lleva al hospital queda atrapado en el atasco, ¿ quién es el culpable?.¿ Nos vamos a resignar?. Los urbanistas -que tienen ética y conocimiento- dicen que las ciudades españolas han crecido guiadas por la especulación, consentida y propiciada. Esa es la causa que ha condenado a los ciudadanos a sufrir las consecuencias, Y a León le llegó la hora. Es difícil creer que, sabiendo que tendemos a tener un coche por habitante, se construya todo sobre carreterillas de siglo pasado o cómo casos de emergencia se recurra a hacer, ya estrechas, eso que en León llaman rondas. Por cierto, ¡cómo se hacen!: salen socavones antes de un año. No sólo en la ronda sur, recordemos que paso lo mismo con los adoquines de la calle Ancha. Seamos serios. ¿En qué país seguimos viviendo?. (Sin defender a nadie, esa responsabilidad aún pertenece al Gobierno anterior). El capítulo III de la Constitución, trata de los « principios rectores de la política social y económica». Y, entre otras cosas, dice: «todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo»; Y son los poderes públicos los responsables de garantizar este derecho. También hace la Constitución mención a la responsabilidad de regular la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. Según la constitución todas las actuaciones de los poderes públicos, tendrán como prioridad la calidad de vida, la salud, la educación, la investigación y la técnica y la defensa de lo publico, en beneficio del interés general. ¿ Se cumplen estos principios rectores?. No. Nos hablan de inversión y puestos de trabajo. Sí la inversión respeta esos principios, de acuerdo; sí los puestos de trabajo creados, no destruyen otros de más calidad y más en número, de acuerdo. Por qué tanta falacia, cuando detrás están el interés de magníficos especuladores que hace uso del poder del dinero para ganar más a costa de destruir la mayoría del comercio y de las actividades recreativas. En todos los casos, se trata de una competencia desleal y, por tanto, depredadora, aunque sea legal (no todo lo legal es bueno, ni moral, ni ético). No comprendo cómo los comerciantes y otros, se quedan contemplando cómo los regidores municipales les mandan a la ruina con la concesión de licencias que van contra su subsistencia. Lo que menos les interesa a los jóvenes o las no jóvenes es la inducción a ese tipo de ocio enfermizo y a ese consumismo. Lo que nos interesa al 97 % de los ciudadanos es un desarrollo equilibrado. Y eso se llama equilibrar la población y las actividades necesarias para lograr calidad de vida. Y para eso, la primer actuación es hacer amplias vías de comunicación y, en todo caso, reservar el espacio para construirlas en su momento y, por supuesto evitar la concentración de actividades que producen atascos. El perjuicio, por no tener presente en todo momento esta condición, es terrible: atascos, pérdida de tiempo, encarecimiento de los productos, por que se tarda más en distribuir o en ir al trabajo. Esto, respecto a lo económico. Respecto a la calidad de vida y a la salud es mucho más grave: más estrés, más accidentes, más contaminación, más ruido, por tanto, más enfermedades y menos calidad de vida. Los representantes públicos están ahí para defender el espacio publico y el interés general, no para facilitar la especulación en régimen de oligopolio.

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