AL TRASLUZ
En la historia
CUANDO nos encontramos, cumplimos con ese sagrado deber en la ciudad pequeña: detenerse y charlar. Siempre lo hago con Rodrigo de Santiago. Hace unos días, la prisa y las cuchillas del frío nos impidieron acabar la conversación, en la que discrepamos sobre si a Hitler lo derrotó Estados Unidos, como él mantenía, o ello fue posible además por la batalla de Stalingrado, como matizaba yo. El pasado miércoles, en un debate por televisión le escuché algo en lo que discrepo: que el político que no hace grandes obras no pasa a la historia. Habría que precisar antes qué son grandes obras y qué historia. La grandeza de una catedral no es su tamaño exterior, sino el interior, lo inconstruible. No confundamos grande con grandioso. Lo importante no es pasar a la historia, sino más bien cómo se pasa. Hitler y Stalin están en ella, aunque no como Gandhi. Aquiles fue tentado con una vida corta y heroica pero ser recordado eternamente o, por el contrario, llevar una existencia larga y apacible aunque ser olvidado tras la generación de sus nietos. Eligió la primera posibilidad, y en el Hades le confiesa a Ulises: «Preferiría ser labrador y servir a otro, a un hombre indigente que tuviera poco caudal para mantenerse, a reinar sobre los muertos». La historia, amigo Julio César -y no hay retranca en lo de amigo- es olimpo de ilustres pero también inventario de ruinas y de ruines. Más importante que permanecer en ella es el porqué y su precio. Aquiles lo aprendió demasiado tarde, y todavía hoy llora entre los inmortales. Mejor ser olvidado que maldecido... 1397124194