Publicado por
ÓSCAR GARCÍA LASTRA
León

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ESTAMOS asistiendo en los últimos tiempos a un debate nacional e internacional sobre la deslocalización de las empresas. Es por lo visto un grave problema que afecta sobre todo a zonas industrializadas. También se dice que es una consecuencia de la tan sobada globalización; consistente en la alta disposición que tienen las empresas a buscar recursos más allá de las fronteras donde se encuentran ubicadas. Una movilidad motivada en localizar inputs productivos -mano de obra, suelo, condiciones administrativas y legales, capital, tecnología, materiales, ..- con un menor coste; se reproduce en aquellas empresas o sectores que manufacturan con escaso valor añadido. Este tema de enorme actualidad ¿afecta a León?, ¿podríamos en un futuro vivir de cerca con más o menos intensidad situaciones tan graves como las que están sufriendo otros territorios?, ¿qué hacen en León sus políticos, sus fuerzas sindicales y sociales?. Como diría un buen amigo, don Antonio, «vayamos por partes». El discurso de nuestros representantes locales y provinciales es conocido por todos, «más industria, más empresa, más inversión, ...»; una letanía que nos resulta familiar y a la que nos hemos, o mejor dicho nos han mal acostumbrado. Si nos ceñimos a los hechos, este discurso encierra dos lecturas, a cual más grave. Una primera es que esta demanda, tan reiterativa en el tiempo, lo único que puede pretender es perpetuarse en sí misma; porque aunque no lo crean, sus señores concejales y diputados provinciales lo que buscan, es que en León siga reinando la paz, el sosiego y los buenos alimentos - éstos últimos que nunca falten -. ¿Se imaginan ustedes lo que podría suponer para León el desembarco de todas esas factorías a la que alguna vez nos han mentado?. Estimadísimos lectores del Diario de León, nuestros políticos bien lo saben; son conscientes de las graves consecuencias que tendría para todos nosotros; la espiral de destrucción a la que podríamos estar abocados. Sí, en un principio se generaría empleo, consumo, ahorro y un sinfín de sinergias, dando lugar a claras oportunidades de crecimiento y progreso; con el transcurrir del tiempo todo eso se transformaría en un conjunto de graves amenazas. Aparecerían en escena zonas geográficas con mano de obra más barata, donde sus administraciones regalarían suelo y trabajadores - ofertas del tipo 3x2 -, con impuestos y coberturas sociales prácticamente inexistentes. Asistiríamos a un desmantelamiento progresivo de nuestro tejido industrial y económico, regulaciones de empleo, manifestaciones y planes de reestructuración, barricadas con neumáticos ardiendo y conflictos, muchos conflictos. Es entonces y sólo entonces cuando nos habría llegado el fenómeno del que tanto hablan y que tan extraño nos resulta: la famosa deslocalización. ¡No por favor!, nosotros estamos a tiempo; nuestra actual situación es fruto del trabajo de muchos años, de muchas décadas, de la profunda huella de numerosas promesas incumplidas por parte de todos, año tras año. ¡No por favor!, que los polígonos industriales sigan siendo esos solares desnudos y desvencijados, sin ropaje alguno; con esos carteles anunciadores por los que si merecería la pena crear algún tipo de plataforma que abogase por su protección, al igual que ocurrió con esos famosos toros, compañeros infatigables en los caminos de España. Una segunda lectura a ese discurso es, si cabe, más grave. ¿Cómo responden nuestros administradores locales a la falta de industria?, con una perversión de enorme calibre. La lógica dicta, que cierta actividad económica y empresarial, será acompañada por una administración eficaz y proporcional a la anterior. A más empresas, a más población, más oferta y demanda; es entonces y sólo entonces cuando la administración debe crecer, en personal, en servicios y en capacidad. En León, ¿qué sucede?, ¿cómo responde la administración, a la falta de actividad económica, a la creciente despoblación?: con más contrataciones. En estos momentos Ayuntamiento, Diputación y demás entes, locales y provinciales, tienen una sobredimensión sin parangón en toda Europa. Todas ellas se han convertido por derecho propio en la mayor ONG de España, donde encuentran acomodo laboral personas, cuyo único mérito es haberse afiliado a un color político o tener consanguinidad con algún miembro de los clanes locales; las políticas de contratación públicas y abiertas brillan por su ausencia - basta atender a los últimos acontecimientos vividos en el cabildo municipal-, la endogamia es brutal, y ahí está León, ahí está viendo pasar el tiempo, impasible. Ante tales hechos, ante la gravedad de lo que sucede, sólo caben dos teorías, o los leoneses tenemos lo que nos merecemos, por nuestra pasividad y eterno aletargamiento; o es que no hay un solo leonés que no se esté beneficiando de esta situación, directa o indirectamente. Es lamentable, que en muchos casos las subidas de tributos y tasas, no sean para prestar más y mejores servicios, sino para seguir contratando - por no decir captando - de manera impune, con actuaciones en la frontera de la legalidad. Por eso, desde esta honorable e independiente Tribuna animamos a nuestros representantes, socialistas y populares, leonesistas y comunistas, verdes y colorados, teñidos y desteñidos, a todos ellos, les animamos que hagan lo que mejor pueden hacer: ¡Irse!; ¿qué ha hecho esta tierra para merecer esto?. A nuestras instituciones, porque éstas si son nuestras, se les ha hecho un daño que en estos momentos se antoja irreparable e incalculable.

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