EL BALCÓN DEL PUEBLO
El leonesismo, a prueba
BRILLAN los aceros en el leonesismo. Las dos facciones -la oficial liderada por el procurador Joaquín Otero y la escindida con Rodríguez de Francisco de capitán- celebran el próximo sábado su respectiva cena de Navidad. Mismo día y misma hora, pero en distinto lugar. Ese día los populares cerrarán también su cónclave congresual, del que saldrá agigantada la estatura mínima de Isabel Carrasco. El leonesismo no ha tenido mucha suerte hasta ahora con sus líderes. Hagamos, a vuela pluma, un poco de historia. Desde la transición, la rama leonesista del PSOE la encabezaba Baldomero Lozano, diputado nacional de imborrable memoria. Su fallecimiento prematuro dejó huérfanos a los socialistas leoneses de ese liderazgo. Otro importante exponente leonesista en los primeros años de la democracia fue José Mª Suárez, pero su partido, encontes AP, era poco representativo frente a la poderosa UCD de Rodolfo Martín Villa. Cuando los centristas, como las huestes desmayadas del poema de Mío Cid, huyeron en desbandada, los nuevos dirigentes de AP ya no continuaron con las ideas de José María Suárez. En 1983, después de haberse votado el ingreso de León en la Comunidad Autónoma, enarboló la bandera del leonesismo Juan Morano. Era lo que más le convenía a sus intereses políticos y personales. También el arma idónea para desgastar al PSOE en el Gobierno. La utilizó mientras le convino. Luego la dejó arrinconada, hasta el punto de que recientemente declaró que él nunca había sido leonesista. Arría Juan Morano la bandera leonesista y Rodríguez de Francisco la iza. Construyó la UPL, partido del que es padre fundador. Un partido que ha tenido un notable éxito, con varias decenas de miles de votos, más de medio centenar de concejales y varios alcaldes. Rodríguez de Francisco, a la vez que padre del partido, se había convertido en el principal obstáculo a su crecimiento por su carácter personalista y, sobre todo, por anteponer sus intereses particulares a los del propio partido. Fue el momento en que llegó la ruptura. O dicho con más precisión: el cuadro dirigente le abandonó, a él y a la otra tránsfuga, Covadonga Soto. En estos momentos los nuevos dirigentes, ahora también fuera del gobierno del Ayuntamiento de León, se encuentran con la responsabilidad de administrar un capital político constituido por muchos miles de votantes -20.000 en la cifra más baja- y también con el reto de estar por primera vez fuera del gobierno municipal. Además, le queda todavía por sufrir el abandono del secretario de Organización, Lázaro García Bayón, un infiltrado del PP, o mejor dicho: de García-Prieto y Mario Amilivia. Durante toda la semana ha realizado declaraciones con la clara intención de que le expulsen del partido, mientras los dirigentes de UPL esperan que se marche sin la mayoría de concejales del municipiop de Villaquilambre. En todo caso, el abandono o expulsión de Lázaro García Bayón será otra pueba dolorosa que deberá pasar la UPL. Pero, en definitiva, no tiene por qué afectar a la administración del capital político que son sus votantes. En los próximos tiempos habrá muchas voces, especialmente inducidas desde la Junta, interesadas en propiciar la desaparición de la UPL. Vayan tomando nota.