León

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NO FUE NECESARIO un rayo divino, ni siquiera que los espectros de Gombrich y Kenneth Clarc, glorias de la historia del arte, surgieran de sus respectivas tumbas. Un desconocido ha destrozado las figuras de cera de Beckham y su mujer, expuestas en algo que pretendía ser un belén, en un pseudo museo londinense. Posiblemente, el autor de la agresión es un mero fanático religioso, más que un espíritu refinado cuya sensibilidad no pudo soportar tal adefesio, pues adefesio era, además de engendro kitsch y vómito hortera. Ahora bien, que no cunda el ejemplo pues ya con el martillo en la mano habría mucho, pero mucho, que derribar en defensa de la dignidad de la iconografía navideña, distorsionada en su intención espiritual, en su tradición trascendente, en su misterio. Mis concesiones llegan hasta incluir la figura del caganer, pues mi mujer y mis hijos son del Barça, pero ni un paso más. La noticia del belén del Museo Tussaud, cuyos reyes magos eran Bush, Blair y el duque de Edimburgo, dio al vuelta al mundo. Personalmente, hubiera preferido la posibilidad del espectro del crítico vengador, mucho más shakesperiana. Hace décadas, el energúmeno se habría encadenado para protestar contra la película Gilda. Grandes pintores incluyeron en obras de temática religiosa a sus patrocinadores, pero se trataba de otro fenómeno y de otros resultados artísticos. Lo banal y lo zafio son peligrosos enemigos de nuestra cultura, no hace falta ser un dandy para detectarlo, pero también lo son los autoproclamados justicieros del canon estético o religioso, ojo con ellos. Hay más en juego de lo que parece en esta batalla, y el siglo acaba sólo de comenzar.

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