Diario de León

A CAMPAÑA TAÑIDA

Otro vendrá que bueno te hará

Publicado por
FERNANDO DE ARVIZU
León

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HAY COSAS con las que no se debe jugar, porque puede ocurrir lo del aprendiz de brujo: cuando se destapa la caja de los truenos, no se pueden dominar los acontecimientos y el estropicio está asegurado. Ya sabemos que al presidente Zapatero le preocupa poco la configuración territorial de España. En realidad, casi nada le preocupa, pero al pueblo soberano, a los gobernados de este país que aún se llama España, no les hace ninguna gracia su actitud pasota y desnortada, donde da igual subir que bajar, ir hacia delante o hacia atrás. Me refiero a las veleidades no ya nacionalistas, sino nacionales, que están encarando los gobernantes catalanes y vascos en la reforma de sus respectivos Estatutos de Autonomía. El uso del término comunidad nacional no es simplemente una frase, por mucho que el papel aguante lo que le escriban. Definir a España como una nación de naciones tampoco lo es. En realidad, y de eso estamos todos convencidos, lo que con ello se busca es simplemente la desaparición de España, mediante un proceso gradual, que empezó con el reconocimiento de las nacionalidades en la Constitución del 78, y que sigue por el reconocimiento nacional a Cataluña y al País Vasco. Luego se dejaría vacío de contenido al Estado que administra esa nación de naciones, y al final, España desaparece de la vida política, salvo como una referencia cultural y etnográfica en los libros de texto. ZP parece no darse cuenta de que hay cosas con las que no se debe jugar, entre otras cosas porque hay una Constitución vigente que no se puede reformar desde los Estatutos de Autonomía, sino solo mediante el procedimiento que la propia Constitución establece. Y en ella, la soberanía no está fragmentada en nacionalidades o regiones, sino que es atribuida únicamente al pueblo español en su conjunto. El Plan Ibarreche, que puede salir adelante si lo apoyan los ilegalizados-legales de Batasuna, el plan socialista del señor López (no veo la raíz vasca en el apellido), el chantaje permanente de Carod (catalán de DNI arreglado), y el pasotismo de Maragall respeto de la dirección nacional de un partido en el que dice militar, pero que en realidad le trae al pairo, suponen iniciativas que chocan frontalmente con el concepto de España y de nación española que nuestra Constitución consagra. Y la cosa ya es como para que a un presidente del gobierno le preocupe. Nunca creí que, viendo lo que se ve y oyendo lo que se oye, podría llegar a echar de menos a Felipe González. No por sus ideas que no comparto, ni por la corrupción que amparó o por los Gal que algunos descerebrados diseñaron con o sin su conocimiento. No, pero González tenía una idea clara de cuáles eran los límites del juego político en la configuración territorial de España. Sabía que no se podía jugar con fuego. No quería que España desapareciese. Pese a sus errores, nunca se encontraba cansado -como ZP- y si lo estaba, se lo callaba. Y no quería que España desapareciese del mapa. O sea, todo lo contrario de Zapatero, que hace ya más agua que el Titánic. El refranero español -pese a quien pese- tiene una gran carga de verdad, y siempre hay motivos de reflexión cuando se acude a él, como en el presente caso: otro vendrá que bueno te hará.

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