Diario de León
Publicado por
RAFAEL TORRES
León

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UN PROGRAMA documental de televisión bucea en los fondos de las urgencias hospitalarias: jóvenes motoristas con la cabeza rota, adultos con severas sobredosis de cocaína, víctimas de accidentes domésticos, vísceras que desfallecen, enfermeras duras y enfermeras maternales, médicos que actúan como prestidigitadores en la carne lacerada, nervios, estupor, angustia, inyecciones anestésicas en las ingles, caricias, clavos, radiografías, palabras dulces de consuelo... Uno de los reales protagonistas del reportaje es un repartidor de bombonas de gas que se ha caído de la camioneta y se ha golpeado la nuca con el bordillo de la acera, luego sabremos del agotamiento fruto de su jornada laboral interminable, de lo mucho que madrugó ese día y de lo vacío que llevaba el estómago, pero una vez que, ya en el hospital, recobra la conciencia, lo que sabemos es que se trata de un hombre de esos cuya especie se extingue. Tendido en la camilla comunica a su esposa, que se halla junto a él besándole, su preocupación: por favor, que le diga a su socio, el que conduce el vehículo de reparto, que lo complete, que la gente, la humilde gente que usa sus bombonas, no se puede quedar sin gas, esto es, sin agua caliente, sin calor, sin comida... Tanto porfía el butanero caído que al poco acude su compañero, que debe ser como él, y le tranquiliza: todo el gas está repartido. En el reparto de lo que compone la calidad humana, este butanero anónimo fue muy agraciado, mucho más que los poseedores del gordo, mucho más que cualquiera: ama lo que hace y ama a la mujer que está a su lado, llorando y besándole.

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