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CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
León

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SIENDO grande la incertidumbre política en la que está sumido nuestro sistema político, se puede afirmar con seguridad: que ha comenzado el proceso de liquidación del régimen autonómico que hemos vivido durante un cuarto de siglo. Las llamadas nacionalidades «históricas» dan un salto a nacionales y sus Estatutos pasan a ser esquemas estatales. Terminó el régimen de «café para todos», comienza el imperio de las diferencias, de la asimetría. Se trata de un proyecto decididamente confederal y de ahí la necesidad de crear un Senado capaz de albergar la nueva realidad de una «nación de naciones». En este proyecto definido en lo que se abandona aunque no en lo que se propone están de acuerdo socialistas y nacionalistas. Los populares quedan fuera, lo que no es baladí. El futuro modelo supone cambios constitucionales que requieren el apoyo parlamentario de ese partido que quieren dejar orillado. Esta es la gran dificultad, al margen de los riesgos a los que puede llevar la hegemonía de los nacionalistas en ciertas regiones, así como las consecuencias que pueden derivarse de la ruptura de la conciencia nacional. Todo esto nos permite decir que el Partido Socialista nos ha instalado en un proceso que podríamos definir en fase constituyente sin realmente serlo (puesto que la Constitución está ahí) y sin que exista una referencia de poder encargada por la sociedad a organizar el Estado desde el punto de vista institucional y sin las condiciones de consenso que exige una experiencia de ese porte. Estamos ante una experiencia que no viene en los libros. Es un proyecto de Estado sin modelo y sin diseñador. ¿Y los ciudadanos?. Observan el proceso como espectadores, en buena medida atemorizados, asombrados, inquietos en unos casos, angustiados en otros. Quizá los únicos ciudadanos que tienen un mayor nivel de información son los vinculados a los partidos nacionalistas. Los socialistas están divididos. Los populares se sienten no sólo marginados sino castigados en sus convicciones más profundas: las que tienen que ver con la idea de España. La visita de Ibarretxe a Moncloa el jueves pasado y la explicación del Plan con un lanzamiento mediático escandaloso en un Estado de Derecho (se trata de una auténtica conspiración contra el Estado como lo ha definido el Foro de Ermua) ha sido la señal de partida de la nueva carrera institucional en la que nos han embarcado. No debería tachárseme de mal pensado si digo que la entrevista de Zapatero e Ibarretxe no es tan contradictoria como las gentes creen. Es muy posible que entre el PSOE y el PNV haya unas connivencias muy profundas.

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