DESDE LA CORTE

Triunfo para Rajoy, serenidad para ZP

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FERNANDO ONEGA
León

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ZAPATERO y Rajoy han conseguido cambiar por completo el ambiente político de este país. Hasta hace dos días eran dos líderes enfrentados, con una visión opuesta de la estrategia a seguir ante los desafíos nacionalistas. Todos tenemos indicios de que existía entre ellos una relación de menosprecio. En el caso de Rajoy, porque veía en el presidente a un hombre sin ideas ni criterios sobre el modelo de estado; débil a nte las presiones de los nacionalistas, y manejable por el primero que le impusiera una condición. Zapatero, a su vez, tenía el recelo de enfrentarse a un hombre con gran experiencia de gobierno, convicciones firmes y con un fondo aznarista que no coincidía con su famoso talante. Todo esto se ha desdibujado en la reunión de ayer. Por cierto, la más larga que ambos líderes han mantenido en los últimos ocho meses. Si entraron a esa reunión con desconfianza, salieron como cómplices. Es uno de los milagros que ha producido el «efecto Ibarretxe». Hemos visto a un Rajoy exultante, casi feliz, con expresiones de satisfacción que le salían del alma. Diríase que era el día más satisfactorio desde que está al frente de la oposición. Y tenía razones para ello: había arrancado un acuerdo. Todavía pequeño, todavía no significativo, pero que le ofrece un horizonte de protagonismo en el calendario de reformas que vienen. El gran triunfo de Rajoy -al margen de sus convicciones y de las apelaciones que hizo a su conciencia- es que ayer fue el día en que su partido salía de esa soledad en que se había metido, empujado por las demás fuerzas políticas. ¿Qué consecuencias inmediatas va a tener esa comisión acordada? De momento, un recelo de los partidos nacionalistas, para quienes nunca es agradable un acuerdo entre los partidos estatales. Habrá que disponerse a escuchar los «palabros» del señor Carod-Rovira, tan celoso de que el PSOE tenga otras relaciones de amor y tan dispuesto a chantajear a Rodríguez Zapatero con la amenaza de dejarle caer. El mensaje de mayor tranquilidad se envía al resto de los ciudadanos, que viven atemorizados por las incertidumbres que provocan los arrebatos nacionalistas y la ausencia de un claro modelo de llegada en las reformas territoriales. ¿Impresión personal? Que esos nacionalistas van a amargarle la vida a Zapatero en el corto plazo. Pero se supone que el presidente tendrá habilidad bastante para llevar el agua a su estrategia. Es decir, situar al PP en cómplice necesario para las reformas constitucionales; apoyo conveniente para las reformas de estatutos, y conseguir el consenso de las minorías para ambos casos. Si eso empezó a surgir ayer en La Moncloa, no tengo ninguna duda: ayer fue el día más positivo de los últimos meses.

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