BURRO AMENAZADO
Barbudo y calvo
JODE quedarse calvo y comprar peluquín o boina. La invasión de cartón piedra a expensas de la juvenil melena y la conexión desnuda entre entradas y coronilla, despeja un cráneo cuyo subconsciente, injuriado por la alopecia, acuñará la frase del inteligente calvorota: -¿Conoces algún burro calvo?, o el subproducto viriloide de: -Mientras el cipote no caiga, la vida sigue. Antes, en busca del milagro piloso, hay gran inversión en remedios caseros, crecepelos y ungüentos, desde el emplasto de cebolla y el petróleo al minoxidil, compuestos que desatan más la pujanza del vello pectoral y bajuno que el vigor capilar. Eso sí, el alopécico, en el salvaje oeste, libraba del tomahawk de mezcaleros, mohicanos y sioux, incapaces de honrar con cabellera de rostro pálido al poderoso Manitú, protector de bisontes y liebres blancas, pitanza del invadido pielrroja cabreado. La fisiología consuela al pelón. Cuando la temperatura del cuerpo se eleva, se pone en marcha un mecanismo regulador que protege al cerebro del calor fuerte. Con hipertermia, la sangre refrescada en la piel es llevada hacia el fondo y, al frío, circula desde el encéfalo vía superficie. La barba constituye un aislante, felpa ventajosa en invierno, pero inconveniente si el calor corporal sube. La calvicie podría ser una forma natural de compensación a la barba. Preclaros investigadores de la universidad Claude Bernard, de Lyon, han comprobado en cientos de hombres que, a mayor superficie barbuda, más pronunciada es la calva y más intensa la sudoración de la cabeza, como bien demuestra Zinedin Zidane, divo del Real Madrid. Conclusión: la calvicie contribuye al enfriamiento y buen tono del cerebro, fenómeno adaptativo influyente en la acción mental. Prefiero la cocorota de Chirac y las incipientes entradas de Rodríguez Zapatero, pacifistas ellos, a las pobladas cabezas de los belicosos Sadam Huseín, George Bush y el valleinclanesco, fanático y agresivo Bin Laden.