A CAMPANA TAÑIDA
Bajar al suelo
AL FINAL, hay que ponerse a gobernar, a afrontar los problemas y a ofrecer soluciones. Con o sin sonrisa, es lo que los ciudadanos quieren y a lo que tienen derecho. Las infraestructuras del Plan Oeste han caído más o menos el olvido de las promesas socialistas, que ahora reemplazan o complementan, tanto da, con otro de nombre extraño llamado Peit. El PP entiende que su Viaria es mejor y contempla plazos menores. El PSOE, que su Peit tiene más dinero. Al ciudadano le da exactamente igual cómo se llame el plan, con tal de que se hagan las infraestructuras que se necesitan. Que no se pare el AVE, o se dilate hasta el segundo cuarto de siglo. Que se desdoble la León-Valladolid, pero en serio. Que el Aeropuerto deje de tener proyectos para tener realidades. Y que no se tire el dinero del contribuyente. No es otra cosa el proyecto de autovía alternativa León-Asturias. Debió ser una cosa que se dice tras una mala noche, porque es uno de los mayores disparates que se han oído. Así que dejémonos de nombres y vayamos a los hechos. Como dijo Gonzalo de Berceo: tomemos lo de dentro, lo de fuera dejemos. Más inquietante parece la reforma fiscal que el gobierno está aún amasando en la artesa de los próximos presupuestos. Que se sepa, aún no ha entrado en el horno, pero entrará. El problema es simple y estaba cantado: al gobierno le hace falta dinero para cumplir los compromisos en los que se embarcó por su cuenta o a los que le obligan sus acuerdos con Maragall y con Carod. Ya es sabido que Cataluña gasta sin freno, no ahora, sino desde los primeros tiempos de Pujol. Y la deuda monstruosa que tiene, por ejemplo en Sanidad, quiere que la pague el gobierno. Si lo hizo con Andalucía, ¿por qué no hacerlo con Cataluña?. Vistas así las cosas, no se puede decir que no. Pero es que las cosas hay que verlas desde otra óptica: el gobierno pagará con dinero de todos, o sea, también el nuestro. Y lo que pague a unos, se lo quitará a otros. De momento, Solbes ha dicho con medias palabras que van a desaparecer, o casi, los beneficios por compra de primera vivienda y los de los planes de pensiones. Sabido es que la receta de todos los socialistas, de aquí y de fuera, se reduce a aumentar los impuestos. No a crear riqueza, que es lo que hizo el gobierno popular -que heredó un Estado en quiebra- sino a gastar alegremente y a subir los impuestos. Pues eso se paga en las urnas y si no, al tiempo. La buena noticia es el acuerdo Rajoy-Zapatero después de la entrevista concedida a Ibarretxe. Este vino a decir que se quiere ir, aunque sea con Guipúzcoa y Vizcaya -como en 1936, volvemos a las andadas- que le da igual la Constitución y la soberanía del pueblo español. En fin, lo que todos hemos sabido desde siempre, aunque algunos prefiriesen ignorarlo. El acuerdo del gobierno con un partido que representa casi diez millones de votos, y a casi la mitad del País Vasco era algo necesario, que hay que hacer fructificar. Me alegro de que Zapatero haya mirado antes al bien de España que a su deseo de aniquilar al PP. Esperemos que persevere en tal voluntad, porque el problema es muy grave y viene de m uy lejos, pero eso será tema de otro artículo.