CANTO RODADO
Conversación catódica
DAR conversación sin haber pasado la noche anterior por un baño catódico de alta contaminación se pone cada día más difícil. El cuarto poder (la televisión basura) es ya prácticamente el único poder. Ha pasado de marcar la agenda a los políticos a poner a la gente delante de sus narices, cada día, cada noche, los personajes y temas supuestamente interesantes. La gente ha dejado de hablar de lo que le interesa porque tiene delegada su vida en políticos («...todos se pelean la silla que les deja mucha plata...» - La cucaracha , Lila Downs- y mercados (o viceversa). Ya no se hacen concejos para limpiar regueras ni arreglar las calles y los filandones forman parte del patrimonio cultural que perdemos con la memoria de los mayores que se despiden de la vida cada día. No es nostalgia del pasado, sino un poco de utopía por un futuro mejor en el que niños y niñas sean tan importantes como los votantes y dejen de ser personajes secundarios de la sociedad. Eso significa más tiempo, más dedicación, más escucha y más conversar; menos videojuegos sexistas, señor psicólogo, menos mercadeo de libros de texto y más trabajo creativo, más entrenamiento para la vida (felicidades al IES de La Robla que ha abierto una brecha en el cansino discurso de esos enseñantes que sólo se quejan...) La Constitución que «nos conviene» o ese «sí» sin condiciones a Europa no ahonda precisamente en la mejora de los individuos, de los hombres y mujeres de los 25 a largo plazo, sino sobre todo en el mercado. En la platita de las multinacionales.