EL RINCÓN
Excusas
HAY PERSONAS que no acuden a las citas acordadas ya que se lo impide algún compromiso posteriormente contraído. Algo de eso les debió de pasar a Berlusconi y a Schröeder, que dejaron la cuádruple reunión proyectada en un mano a mano entre Chirac y Zapatero. No es mala proporción: de los convocados sólo falló la mitad. El italiano tiene mejor coartada, pero el alemán, que se disculpó alegando que padecía una terrible gripe, fue fotografiado en estado eufórico durante su visita a Lübeck, que le pilla más cerca que Barcelona. La puntualidad, como se sabe, es una virtud que no tiene testigos, ya que el otro no aparece, y no puede confirmar nuestra presencia, pero una cosa es llegar tarde y otra no llegar. Está claro que Rodríguez Zapatero no tiene presidente-appeal. Bush no se le pone al teléfono y Berlusconi y Schroeder no se le ponen al alcance. Lo peor es el embuste catarroso utilizado por el canciller. Hay que renovar la excusa. Lo recomendaba Álvaro de la Iglesia desde «La Codorniz». Si usted no quiere ponerse al teléfono cuando lo llame algún pelmazo de esos que nunca se desaniman no debe encargar a alguien que le diga que no estamos en casa porque hemos bajado al perro para que mee, o bien porque estamos en el baño. No se lo cree nadie. Lo que hay que decir es que no podemos ponernos al teléfono porque se nos acaba de romper un jarrón, lo hemos pegado y tenemos ambas manos apretándolo. El desconcierto del fallido interlocutor es inmediato y tarda varios segundos en reaccionar. El plantón no debe afectar al proyecto unitario, aunque quizá le afecte algo al convocante, que acaba de recordarnos a todos que la soberanía, como la nostalgia, ya no es lo que era, ni tampoco el Estado nación. Vamos hacia otro mundo, que también está dentro de éste, y a otros modos de entendimiento. Chirac pide a España abrir la senda del «sí». La gran familia europea está formada por parientes lejanos, pero todos son de nuestra sangre.Tenemos que vernos más. El roce, además del odio, hace el cariño.