DESDE LA CORTE
Serenidad ciudadana; crispación política
YO CREÍA que analizar un referéndum era tarea sencilla, que incluso podía acometer un tipo de aldea como el arribafirmante. Pero no. El dato de participación, que es objetivo y medible, resulta absolutamente discutible si lo maneja un político. Y así, ese modesto 42 por ciento, puede resultar satisfactorio, por no decir fantástico, en boca de un socialista; pero puede ser el mayor de los fracasos, si el analista es del PP. El sí ha resultado bastante amplio para proclamarse como vencedor, pero el no ha sido espectacular para Llamazares. Son ceremonias de explotación del voto y de la ausencia de votos a las que estamos acostumbrados. Pero ayer, día de reflexión en los cuarteles generales de los partidos, se ha producido un fenómeno nuevo: todos han saltado a la yugular del adversario. Los partidos Popular y Socialista llevaban muchos días sin zurrarse debidamente, tenían mono, y no pudieron contenerse más. José Blanco y Mariano Rajoy han protagonizado una gresca memorable. En vez de reconocer que la abstención fue la que fue, se han dedicado al deporte del mamporro. El Partido Popular se ha preocupado de detener cualquier corriente de opinión que sostuviera la idea de que Rodríguez Zapatero había conseguido un éxito político. El PSOE, por su parte, se ha dedicado a buscar los noes de los feudos del PP para demostrar que los flecos de fracaso se podían atribuir con justicia a la derecha española. Todo esto no se hizo en un debate. Se hizo de rueda de prensa a rueda de prensa. De esta forma, una consulta popular que resultó absolutamente pacífica en el comportamiento ciudadano abre una nueva etapa de crispación entre la clase política. La ausencia total de incidentes en la calle y entre los votantes se cierra con una pelea de egoísmos entre los responsables de los partidos. Y un resultado modesto por la participación, pero muy presentable por los antecedentes y los temores a una abstención mayor, se ve oscurecido por las peleas políticas, que no se resignan a reconocer ninguna aportación al adversario. ¿Es normal? No debiera serlo. El análisis de un referéndum no es el mejor escenario para el egoísmo partidista. Pero en este país estamos en campaña electoral permanente, y el principio que funciona es el de apropiarse de lo bueno y culpar al otro de lo malo. Pero, hombre, en este caso se trataba, o eso se dijo, de Europa. Hubo incluso bienintencionado intentos de hacer mítines conjuntos, que José Luis Rodríguez Zapatero ofreció a Mariano Rajoy. Pero ahora se ha visto que no había lugar a esos entendimientos. Se trató de Europa hasta el momento de votar. Inmediatamente después, los objetivos son otros: que el PP no participe del éxito del sí, y que Zapatero no se atribuya ningún triunfo personal.