León

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TODOS SABEMOS reír y llorar en cada idioma de la tierra. Europa es todo y nada. Cada mapa oculta siempre más de lo que muestra, como el ser humano. Desconfiemos de esas realidades únicamente geográficas que caben en una frontera y pierden su sentido cuando se la cruza. Europa es Cervantes y Shakespeare, pero también Fred Astaire bailando feliz en un porche bajo la lluvia, en Sombrero de copa , en 1935, mientras Hitler llevaba dos años en el poder y nuestras tormentas locales iban irrumpiendo desde los abismos. Europa es grande porque es múltiple, en sus logros y horrores. ¿Hay un escritor más europeo que el argentino Borges? La voz de Ray Charles atraviesa los siglos, por encima de cronologías, como Di provenza il mar, il suol , de Verdi. Europa está en películas de Kurosawa. Y en las de Allen. También en Hemingway. Pero hay un logro mayor que el mestizaje... cuando amas, perdonas o lloras ¿cuál es en ese momento tu ciudadanía, sino el mundo, inmenso y múltiple? Europa no existe, dicen algunos. Pese a los pragmáticos, hay vida más allá de los mercados internacionales, de las relaciones de poder, de las listas de mandatarios, de lo tangible. Europa existe cuando se solidariza. Impregnamos y somos impregnados. Lo esencial no es aquello que nos diferencia, digan lo que digan los nacionalistas, sino lo que nos iguala, así funciona el mecanismo del mundo, su entraña. Somos ciudadanos de la condición humana. Y el amor es nuestra herencia común, la verdad tatuada en el corazón de los genes. Somos europeos si somos universales. Porque, sí, todos sabemos reír y llorar en cada idioma de la tierra.

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