EN POCAS PALABRAS
¿A quién pertenecen las víctimas?
CUANDO una determinada comunidad padece la agresión brutal del terrorismo, las víctimas concretas que se producen son patrimonio de todos porque el afán de los criminales consiste precisamente en destruir la cohesión social, en violentar los principios morales de la colectividad, en llenarla de zozobra y en intentar que el miedo la inmovilice, hasta el extremo de que abdique de sus grandes principios. Viene esto a cuento, evidentemente, de ciertas reacciones desabridas de los representantes de las víctimas de la matanza de los trenes. Pero la reflexión ha de ir más allá: los muertos del 11-M son también nuestros muertos, dicho sea sin polémica alguna y con toda la comprensión hacia quienes han padecido directa y personalmente el efecto de la brutalidad.