Diario de León
Ana Gaitero
León

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SIEMPRE me ha parecido una genialidad que Fernando Urdiales abandonara la psiquiatría por el teatro. Y que fundara una compañía de nombre Teatro Corsario para mejor curar el alma de la gente, aunque es más que posible que el director y actor galardonado con el Premio de Castilla y León de las Artes 2004 no tenga intención de curar con los secretos de la tramoya. Recuerdo su voz grave, pausada, voz profunda de escenario sobre las tablas del Teatro Emperador recordando a Kike como su maestro iniciático. Con traje oscuro, recién recuperado de una larga operación, pronunció esas palabras de agradecimiento al final de Don Gil de las Calzas Verdes. Me pareció un acto de humildad y de generosidad. Fernando Urdiales, hijo de ferroviario, nació en Valladolid, se crió en León y volvió a Valladolid a estudiar Medicina; mientras se examinaba de anatomía debutó como actor. Teatro Corsario, cuya última obra es la adaptación de la trilogía de Celama , de Luis Mateo Díez, se fundó en 1982 y hoy es una de las mejores compañías en verso. Sirva este premio para rescatar en estas exiguas líneas su versión de La caza del snark , de Lewis Carroll, insólita persecución de un animal mítico, mitad serpiente, mitad tiburón, a bordo de un barco tripulado por personajes absurdos pero implacablamente lógicos e ingeniosos, que se guían por mapas en blanco y sonidos de campana a través del mar. «¡Recordad, todo lo que os diga tres veces es siempre verdad!», les dice el capitán; ese personaje que encarnó Fernando Urdiales hoy me recuerda a tí, Merce.

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