AQUÍ Y AHORA
El tierno Zapatero
SI NO fuera porque los efectos provocados pueden ser cualquier cosa menos eso, lo suyo produciría ternura. Lo último ha sido su prédica ante la Liga Árabe que, estoy seguro, a muchos nos ha traído soplos de adolescencia, de dictamen general del mundo de asamblea de facultad en 1º de Políticas y de solución bucólica, pastoril y amorosa en prado hippy de los males del universo. Qué bonito lo que ha dicho Zapatero de la alianza de civilizaciones, de lo pacífico que es el Islam y de que tenemos que ser todos hermanos los unos en Alá, me imagino que los otros en Cristo y él en su santidad laica. Luego miré a quienes le escuchaban: preclaros ejemplos todos ellos de demócratas, de tolerancia y de libertad. El sirio Bashar Al Assad y el libio Gadafi, paradigmáticos ejemplos de dictadura, o auténticos sátrapas feudales como los representantes del atroz régimen saudí, de los diversos emiratos o de nuestro cercano Mohamed VI, el más apasionante ejemplo de separación de poderes entre religión y estado que encontrarse pueda. Y todo eso sin mencionar a países como Sudán, donde hablar de los derechos humanos es una blasfemia castigada con la muerte. Sólo había que verlos para saber lo que estaban pensando y lo que se escondía tras sus aplausos y palmoteos. Sólo había que conocer mínimamente lo que practican para comprender cuál es la utilización que pueden hacer con tan beatifica propuesta. A ellos llevó su bienaventurada palabra Zapatero; casi le falto pedir perdón por por ser europeo. ¡Qué humildad, qué maravilla de intenciones! ¡Qué memez, señores!