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León

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CORREN malos vientos para la radiodifusión. El sectarismo arrecia en las tertulias y resulta casi imposible detenerse en un pago del dial sin que te ladren con totalitarista premeditación lo que debes pensar. Como si no existiera el término medio en ningún asunto. Como si a un lado u otro de la frontera entre la izquierda, la derecha o el nacionalismo, no hubiera algo de bueno y algo de malo. Enciendes el transistor una buena noche y es casi un milagro que no te amarguen con el más absoluto de los maniqueismos. Y lo mismo por la mañana, y casi hasta por las tardes. Con este panorama no es extraño que en Ponferrada podamos felicitarnos un año más por haber acogido una Semana de la Radio y una gala de los Micrófonos de Oro que al fin y al cabo sirven para relajar eventualmente la pésima convivencia entre los medios y la lucha entre sus particularísimos intereses. Ponferradio, y recuerdo en este punto la magnífica descripción que Kapuscinski realizaba de sus viajes por África sobre un extraordinario árbol que solía adornar la entrada a las aldeas más áridas y pobres del continente, se parece estos días al ombú que el periodista polaco definía como punto mágico de encuentro para los habitantes del poblado; para contar historias, para impartir clases y hasta para echar una siesta. Bajo el ombú era el único lugar en cien kilómetros a la redonda donde soplaba una tenue brisa. Así es, en buena medida, la copa del ombú en la que se transforma la capital berciana, pero que podría ir perdiendo frondosidad si al final se la sigue abonando exclusivamente con el elogio y la autocomplacencia. Este año -cuestiones de agenda o no- se han echado de menos programas de cadenas como la Ser u Onda Cero, en detrimento del estupendo grado de pluralidad alcanzado en la segunda edición. Nadie puede poner ni un milímetro en tela de juicio el esfuerzo encomiable de Luis del Olmo para convertir a esta ciudad en el escenario de un acontecimiento que sin su «mano» sólo sería posible en Madrid o en Barcelona. Pero eso no debe eximirnos de la autocrítica si queremos que Ponferrada siga convirtiéndose en un oasis dentro el asfixiante planeta mediático, del que como queda demostrado por la concurrencia de público a todos los actos, los que disfrutan de él, de primera mano, son los ponferradinos. Quedan ahora doce meses para la meditación y la reparación. La mitad del tiempo de que los socialistas disponen para elegir candidato en Ponferrada. Estoy personalmente de acuerdo con Charo Velasco en que Roberto Rodríguez reúne todas las condiciones. Pero sí piensa así sinceramente, creo que le haría un favor no defendiéndole tan pública y entusiásticamente salvo que la su señoría no sea consciente de las notables dosis de discrepancia que entre la propia militancia local y también entre la ciudanía suelen suscitar sus actuaciones. Nada que ver con el éxito unánime de un vino berciano en la presentación realizada en Nueva York por los cinco grandes bodegueros de este país. «Paixar» se llama. Y evoca tierras altas de Dragonte moteadas de cepas, robles y castaños. Otro ombú espiritual.

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