DESDE LA CORTE
Con la comisión hemos topado, amigo Blázquez
¡MILAGRO! Zapatero ha estrechado la mano de un obispo. Es más: la reunión con el presidente de la Conferencia Episcopal ha durado dos horas, tiempo dedicado sólo a los predilectos. Y mucho más: según el comunicado conjunto -parece un encuentro de jefes de gobierno-, hubo gran cordialidad. Tanta, que han acordado mantener «un diálogo constructivo y fluido». No me sorprende. Zapatero es como es, y jamás dice una mala palabra a un visitante, y monseñor Blázquez habla así: se cruza las manos de forma beatífica, mira a la mesa, pone voz de no haber discutido nunca con un feligrés e ignora el significado de la palabra «no». Tal para cual. Lo importante de la noticia es que el presidente del Gobierno se avino a reunirse con el presidente de los obispos. Creo que es el primer diálogo formal a ese elevado nivel desde que el difunto Papa descalificó la política socialista, Plan Hidrológico Nacional incluído. La velada tenía, por tanto, un cierto aire fundacional, pero también un inevitable aroma protocolario, porque Blázquez estrena responsabilidad. Quizá la máxima aspiración de ambos no pasaba de romper el hielo y de transmitirse el talante que a ambos anima. Porque, a la hora de la verdad, ¿va a cambiar el gobierno su orientación laicista por el hecho de abrir el diálogo? ¿Va a dulcificar la Iglesia su mensaje ante los matrimonios homosexuales sólo porque Zapatero se los explica? Lo más que ambos pueden esperar es que terminen las agresiones fáciles. Por ejemplo, que desde el PSOE no llamen «casposos» a los eclesiásticos, o desde la Iglesia no condenen una eutanasia que el gobierno nunca planteó. En materia legislativa, lo único que parece negociable es la asignatura de religión. Y en lo referente a las cosas de comer, pues no sólo de oraciones vive la sotana, lo más «prometible» es que no se tocará ese asunto tan poco elegante que los pobres solemos llamar dinero. Y páreme usted de contar. Si Blázquez es hombre de decir que «ya lo estudiaremos», Zapatero tampoco es hombre de sellar acuerdos a la primera. Siempre encuentra la solución de crear «comisiones mixtas», que entretienen mucho y dan mucha moral al interlocutor. ¿Han arreglado ustedes algo?, preguntamos los periodistas con cara de interés. Y es un triunfo respondernos: «hubo grandes progresos; crearemos comisiones mixtas». La tarde más feliz de Rajoy en La Moncloa de ZP fue aquella en que salió con la oferta de una comisión para estudiar la reforma autonómica y constitucional. Pasaron las semanas, van pasando los meses, pero la comisión está todavía sin constituir. Yo ignoro si Rodríguez Zapatero ha topado ayer con la Iglesia. Pero es seguro que monseñor Blázquez ha topado con la comisión. Como Rajoy.