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JULIÁN LÓPEZ
León

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QUERIDOS diocesanos: Aunque nos sentimos conmovidos todavía por la piadosa muerte del Papa Juan Pablo II y por la repercusión que ha tenido entre los fieles católicos y en las gentes de buena voluntad, la vida de la Iglesia no se detiene. La comunidad eclesial ha de seguir su camino cumpliendo la misión que el Señor le confió. Para ello necesita, a nivel universal, un nuevo Guía, un nuevo Pastor, que encarne el mandato de Jesucristo resucitado a Pedro de apacentar a sus ovejas y, en virtud de ese ministerio, conducir al pueblo de Dios en la nueva etapa que se abre para que la Iglesia siga siendo, en todo lugar, signo de salvación. Conscientes también de que el testimonio personal de Juan Pablo II, como creyente y como Pastor, así como su extraordinario magisterio, no pueden quedar sepultados en su tumba, porque forman parte ya de la herencia espiritual de la Iglesia, debemos empezar a pedir a Dios por el nuevo Obispo de Roma y Vicario de Jesucristo en la tierra. Se ha anunciado ya que el Cónclave de los Cardenales electores del nuevo Papa, dará comienzo el próximo día 18 de este mes. A todos nos debe interesar que el elegido sea, ante todo, un buen Pastor a imagen de Cristo. Durante los días previos asistiremos a todo un despliegue de cábalas, suposiciones e incluso preferencias. El fenómeno es comprensible, especialmente en estos tiempos, caracterizados por la comunicación social. No obstante, por encima de la curiosidad humana y de las conjeturas, ha de estar nuestra visión de lo que es y representa en la comunidad eclesial la figura del Sucesor de Pedro, que no es un gobernante de este mundo, aunque su palabra y su función tengan repercusiones evidentes en la sociedad. Así pues, hemos de activar nuestra fe y nuestra confianza en la acción del Espíritu Santo que, por deseo del Señor, acompaña continuamente a la Iglesia y la mueve interiormente en todos sus miembros. En unos, los Cardenales electores, actúa inspirando, sin ahorrarles reflexión y esfuerzo en la búsqueda del elegido. En los demás miembros de la Iglesia, disponiendo nuestros corazones para acoger con fidelidad y esperanza al nuevo Pastor. Confiemos, una vez más, en las promesas de Cristo, especialmente en aquella dirigida a Pedro: «Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú... da firmeza a tus hermanos» (Lc 22,22). La consecuencia necesaria de nuestra fe es la plegaria, soporte a su vez, de la confianza. Por eso, os invito y os ruego que intensifiquéis vuestra oración personal y comunitaria, pidiendo a Dios por la elección del nuevo Papa. Especialmente me dirijo, con esta invitación, a los sacerdotes, a las comunidades contemplativas y religiosas, y a las asociaciones de fieles dedicadas a la oración y a la adoración. Como expresión de comunión de nuestra Iglesia diocesana con la Sede Apostólica y con los Cardenales electores del Sumo Pontífice, después de celebradas las Exequias del Papa Juan Pablo II y hasta la elección de su Sucesor, os comunico y pido: 1.º- En todas las celebraciones de la Eucaristía se tendrá esta petición especial, un otra semejante, en la Oración de los fieles: «Para que conceda a la Iglesia un Pastor que le agrade por su santidad y por su vigilante dedicación pastoral, roguemos al Señor». Lo mismo puede hacerse en las preces de Laudes y Vísperas, con fórmula análoga a ésta: «Llena de alegría a tu Iglesia con la elección de un Pastor, que con sus virtudes sirva de ejemplo a tu pueblo, e ilumine los corazones de los fieles». 2.- Exceptuados el domingo o fiestas, se podrá celebrar todos los días la «Misa para elegir un Papa o un Obispo» (Misal Romano, Misas y oraciones por diversas necesidades. I Misas por la Iglesia, 4) o, al menos, la oración colecta de esta Misa. Los demás textos serán del día. Pido a todos los sacerdotes que, al menos una vez, en su parroquia o unidad pastoral, o en su comunidad, celebren esta Misa convocando a los fieles. 3.- El domingo día 17, a las seis de la tarde, en la Santa Iglesia Catedral, presidiré la Santa Misa por esta intención. Ruego a los sacerdotes diocesanos o religiosos que puedan hacerlo, que concelebren conmigo, y a todos que anuncien oportunamente esta celebración al pueblo. 4.- Una vez elegido el nuevo Pastor de la Iglesia universal, y hasta la inauguración de su ministerio, se dirá en todas las misas, al menos, una intención o todo el formulario de la Oración de los fieles por el Papa y, en los días feriales, se recitará además la oración colecta de la «Misa por el Papa» con el resto del formulario propio del día, salvo en las misas exequiales o de primer aniversario. Esperando la feliz elección del nuevo Sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia Universal, y en el recuerdo emocionado y la oración por el Papa Juan Pablo II, recibid mi cordial saludo y bendición.

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