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JOSÉ CAVERO
León

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AUNQUE hoy viajarán juntos a Roma, a los funerales por el Papa Juan Pablo II, integrando una delegación oficial que presiden los Reyes de España, el jefe del gobierno y el primer dirigente de la oposición, Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, volvieron a ofrecer el miércoles un formidable combate de boxeo dialéctico a cuenta del actual papel del Gobierno español en la Europa de los 25. Rajoy tiene un discurso fácil y brillante, probablemente eficaz, y lo ha repetido ya en varias ocasiones: viene a decirnos que era mucho mejor la actitud combativa de Aznar que el talante conciliador y amable de Zapatero con sus amigos jefes de la Unión, Schroeder y Chirac. Aznar, recuérdese, con su acidez y destemplanza, llegó a verse en completa soledad en los días finales de su presencia con los consejos comunitarios. Rajoy pretende presentarlo como el cancerbero de los derechos y aspiraciones españolas, y por el contrario, pinta a Zapatero como el amable e ineficiente ayuda de cámara de los jefes alemán y francés.... Zapatero, según este diseño, sólo prefiere tener una relación cordial con sus compañeros de sesiones de trabajo, aunque tal actitud esté resultando desastrosa para los intereses españoles. El reproche de Rajoy es fácil y sencillo: ¿qué obtiene Zapatero a cambio de sus sonrisas y amabilidades? Nada, absolutamente... Su propio ridículo y descrédito y un recorte creciente para las aspiraciones financieras españolas. Rajoy viene repitiendo una y otra vez idéntico mensaje de descalificaciones globales y contundentes contra Zapatero: en síntesis, su sonrisa boba, lo que se conoce por talante, no tiene utilidad práctica alguna. No se entera de los asuntos, ni los estudia ni los conoce, no sabe cómo afrontarlos... En suma, no sirve para la tarea que debiera ejercer, de defensor hábil y laborioso de los intereses españoles... Naturalmente, Rajoy ofrece automáticamente una inteligencia superior y su mejor disponibilidad para relevar a tan demostradamente incapacitado jefe del gobierno... Tal parece que éste viene a ser el eslógan y estribillo similar al «váyase, señor González» de su antecesor en la presidencia del PP, cuando aspiraba, y finalmente consiguió, presidir el gobierno de la Nación. Ahora mismo hay una circunstancia que, con toda probabilidad, ayuda muy escasamente al actual inquilino de la Moncloa: ya han comenzado a debatirse las líneas elementales de los presupuestos de la UE para el sexenio 2006-13. Y «pintan bastos» para nuestro país.

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