Diario de León
Publicado por
JUAN VÁZQUEZ
León

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UN ROLEX, nada menos, le regalaron por las navidades del 92, y el viejo reloj quedó arrinconado con toda su historia. A la Catedral de León le pasó como a tanta gente, que deja en el fondo de un cajón el viejo Certina heredado del padre, con la tapa desgastada por su piel después de décadas de uso. Pero aún se recuerda en León el fiasco del estreno del nuevo reloj de la Catedral, fruto de un patrocinio de Rolex. Fue en la Nochevieja del 92, cuando el entonces alcalde Juan Morano propuso celebrar el acontecimiento con una multitud en la plaza de Regla, uvas en mano, para dar la bienvenida al nuevo año con los primeros doce tañires que diera el flamante carrillón. Dos expertos relojeros vinieron desde Berna para ponerlo todo a punto, pero ya se sabe cómo son los suizos, que no se atreverían a meter ruido ni en la mascletá de las Fallas, y por no molestrar a quien pudiera dormir a medianoche regularon el sonido del carrillón tan bajo que sólo se escuchó desde el interior del templo, pero con la juerga de los miles de personas que había afuera, en la plaza no se oyó nada. Cuando pasaban los minutos y las uvas seguían intactas, la multitud comenzó a abuchear, y los dos pobres suizos, pensando que eran vítores, salieron sobre el pórtico a saludar con sus batas blancas, pero en lugar de los esperados aplausos les cayó encima una vendimia. Hoy muchos viejos Certinas han sido repasados por los pocos relojeros que quedan, y el viejo reloj de la Catedral, celoso del Rolex desde aquella noche, vuelve a dar campanadas a gritos aunque no tenga máquina ni manecillas.

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