EL RINCÓN
Demasiadas fronteras
NO SIEMPRE se mata al mensajero. A veces se limitan a cortarle las orejas para que no vuelva a oír nada y pueda caer en la tentación de divulgarlo. Por eso, el presidente de la organización internacional Reporteros sin Fronteras quizá esté pensando ahora, en vista de su dolorido balance, cambiarle el nombre a la institución y denominarla Reporteros sin Garantías. En los dos últimos años han muerto de muerte antinatural 87 periodistas y 103 están en chirona. Eso sin contar desaparecidos, o sea, toda esa gente que estaba aquí y ya no está, aunque se sospecha dónde puede estar. El sitio donde corren más riesgo los periodistas es China. Es para la profesión el verdadero peligro amarillo y no Manolita Chen, como creían nuestras abuelas. A un reportero que investigó laboriosamente la matanza de Tiannanmen, en vez de darle un premio le han dado un castigo: tendrá que estar diez años en la cárcel. Si se hubiera limitado a recopilar los datos no le habría pasado nada, pero su error fue divulgarlos. Le hicieron un juicio secreto y sin abogado y le condenaron por hacer públicos «secretos de Estado». Su único consuelo es que no va a estar solo en el trullo: 42 colegas se encuentran allí. ¡Luego dicen que el periódico es caro! Sigue siendo sarcástico celebrar el Día Mundial de la Libertad de Prensa, pero también hay que reconocer que no ocurre lo mismo en todas partes. ¿Qué le hubiera pasado en Cuba o en Birmania al director del periódico que publicó el informe que revela que el sonriente mandatario británico Tony Blair decidió ir a la guerra de Irak un año antes de declararla? Para suerte suya es inglés. Sigue habiendo dos mundos, pero lo malo es que los dos están en éste. El sufrido secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, asegura que la amenaza de una catástrofe nuclear ha vuelto a despertar y pide a las potencias un esfuerzo para eliminar sus arsenales. El esfuerzo lo han hecho para reunirlos.