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FERNANDO ONEGA
León

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AHÍ LOS tenéis. Hoy es el último día para presentar papeles y obtener licencia para vivir tranquilos en España. Hasta ahora se sentían delincuentes, temiendo que cualquier policía les pidiera la documentación y los devolviera a su país. Detrás de cada uno de ellos hay una historia de novela: una patera, un autobús que cruzó Europa, una mafia que los explotó, la incertidumbre de poder comer antes de encontrar un trabajo. Mañana nos contará el periódico cuántos han conseguido presentar papeles. Ahora que se cierra el proceso, se puede hacer un balance: es de lo mejor que ha hecho este gobierno. Hubo traspiés, como la exigencia del padrón, que se debió corregir sobre la marcha. Hubo imprevisión de las dificultades para obtener los antecedentes penales en países como Bolivia, donde la burocracia no consiguió expedir los 50.000 certificados que se solicitaron. Y se cometió, quizá, el error inicial de poner la meta en ochocientos mil, que pareció una cifra inalcanzable. Pero el balance de conjunto es positivo. Frente a las amenazas de un «efecto llamada» que iba a colapsar las fronteras, no se ha visto más que la afluencia habitual. Frente a las denuncias de corrupción en la compra de contratos, un alto responsable del proceso me ha garantizado que, a fecha de ayer, no se ha detectado ni una sola prueba de fraude. Es decir, no hay un solo contrato que no esté basado en la buena fe, lo cual es prodigioso. Las patronales CEOE y CEPYME han colaborado con lealtad. Y, a fecha también de ayer, los filtros de Hacienda, Policía, Seguridad Social y Justicia han dado el visto bueno a doscientas mil solicitudes. En cuanto a la nueva realidad, se va a producir una espectacular salida a la luz de economía sumergida. Si las normas se han cumplido, no habrá un solo extranjero «legal» que no tenga contrato laboral. En el plazo de un mes veremos los nuevos ingresos en la Seguridad Social, lo que reducirá el número de beneficiarios de servicios que no cotizan. E incluso habrá menos escuelas que tengan que cerrar por falta de alumnos. Los hijos de los inmigrantes son ya los nuevos estudiantes, los compañeros de nuestros hijos. Aunque en Galicia y León el fenómeno sea menor, se está produciendo una integración cultural y racial con pocos precedentes en la historia. Nos encaminamos a una sociedad con un diez por ciento de extranjeros. Si la mayoría pueden vivir aquí en condiciones de normalidad, serán un motor para la economía. Ya lo están siendo en las regiones de mayor empuje: Madrid y todas las provincias bañadas por el Mediterráneo. En el fondo, este proceso ha realizado en su ámbito aquel sueño de Suárez: hacer normal en las leyes lo que en la calle es simplemente normal.

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