CRÓNICAS BERCIANAS
Al menos nos queda la Deportiva
NO BAJAN las aguas políticas nada tranquilas por los ríos políticos bercianos. Ni bajan y a tenor de lo que está pasando dudo mucho que lo hagan antes de que a uno le crezca el pelo lo suficiente para tapar las arrugas que popo a poco nos regala esta vida, la única que tenemos. Uno, que en esto de la política prefiere verla desde la barrera, y si es posible desde la más lejana posible, pensaba siempre que a pesar de que en muchos casos esas disputas entre partidos eran fingidas, sólo para la galería de una parroquia ávida de polémica, en cierto modo entendía que la derecha no podía estar nunca de acuerdo con la izquierda y viceversa, que el centro era el lugar a donde todos querían llegar pero ninguno lo lograba o que, dichosa inocencia que vamos perdiendo, en la disputa dialéctica estaba la fórmula para lograr algo. Pero esos cánones parece que se han quedado anquilosados en el pasado y ahora, hasta compañeros del mismo partido se enzarzan en disputas cruentas, en acusaciones que a veces llegan a lo personal y, en suma, a situaciones que podrían parecer absurdas para la gente de la calle en general pero que para los afiliados de dichos entes políticos son motivo de sonrojo. Precisamente en eso se andan los denominados oficialistas y el sector crítico del PP. O por poner nombres, el señor Fidel Cerezales y la señora Fátima López Placer. Antaño amigos, o eso creo entender, ahora su distanciamiento es tal que incluso han llegado a retarse en los juzgados a la sazón por las últimas elecciones al comité comarcal. Y es que, señores míos, el pode9r lo es todo y engancha tanto que nadie osa desprenderse de la silla que ocupaba ni tampoco quiere renunciar a la que cree que se merece. Y mientras, los afiliados de a pie tienen que desayunarse cada día con nuevas indirectas que, lejos de estar dirigidas al partido que tienen enfrente, las trasladas a sus propios compañeros. Y por si fuera poco esta maraña, las piscinas de verano y las subvenciones a las fiestas de varias pedanías y barrios ponferradinos se han convertido en un caballo de batalla que ha llegado incluso a extremos de pedir la dimisión del edil de Hacienda, Luis Moreno, por aquello de que la privatización de las piscinas para uno reportará notables beneficios para las arcas municipales, mientras que para los otros, en este caso el PSOE, supondrá apenas 67 euros de ahorro y una posible artimaña para colocar a personas afines a los populares. Y uno, que en estos calores del verano pensaba que los políticos iban a dedicarse a cosas más livianas, no deja de pensar que si es cierto o sigue imbuido en uno de esos libros o películas donde el absurdo se convierte en realidad y la realidad, esa que nos desayunamos cada día, se ha cogido unas merecidas vacaciones. Menos más que nos queda la Deportiva Ponferradina, un club que puede hacer historia si consigue el ascenso a Segunda División tras firmar una temporada brillante en la que ha vuelto a ilusionar a su afición, esa que luce esas pulseras blanquiazules y que espera bañarse en el agua del éxito.