Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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FUERON los cómicos de la legua que no cargaban a sus espaldas el decorado de casa rica y el de casa pobre sino un saxofón, un acordeón, alguna guitarra tal vez y los platillos del «jazz band». Eran músicos a tiempo parcial porque la cosa no daba para más y si el domingo había pasacalles procesional, baile vermú y verbena estaba la semana hecha. Como los cómicos de Fernán Gómez, iban de pueblo en pueblo y ponían música a las pequeñas esperanzas que nacen entre los paisanos el día de la fiesta mayor. Como la familia Galván de El viaje a ninguna parte, los fue apartando de los escenarios la tecnología canalla de la música grabada, cuando los jóvenes desertaron del pasodoble en el prado para pecar de palabra, obra u omisión en las «boites» de oscuridad cegadora. Era, en Ponferrada, la Orquesta Azul de la posguerra, era Ninete y su viaje a través de África con el Circo Ciudad de los Muchachos, eran Cacharrón y Luis Boya, eran Los Trevinca y su vocalista ciego acercándose peligrosamente al borde del escenario en los primeros calores de mayo, allá por Flores del Sil y Cuatrovientos. Eran decenas de orquestas con repertorio inacabable que tocaban boleros a la luna de San Juan y un twist levemente profano a la Virgen de agosto, todo en directo, sin midi ni otra caja de ritmos que no fuera el corazón feliz del druida pitagórico de la música. Nada mejor para ellos que la magnífica idea de la Diputación homenajeando a los grupos de baile más veteranos de la provincia.

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