TRIBUNA
La hora de la verdad
LLEVAMOS muchos meses a la espera de que ese nuevo plan para la minería del carbón sea un hecho y no el motivo para que algunos vean en él la forma de ganar puntos o votos según se mire. Son demasiados los ojos que están puestos en el reparto de este gran pastel que desde hace décadas es el sector minero, sin importarles nada más que sus propios intereses personales y políticos. Pues ha llegado la hora de la verdad. Durante estos años (ya en los comienzos de los noventa), se veía venir el futuro que aguardaba al carbón, pero nadie se paró a pensar que era necesario enfrentarse a ese reto que iba a surgir y prepararse para que las comarcas mineras y sus municipios fueran mejorando en los servicios y en bienestar social para que la gente que vivía y vive en ellos, se encontraran a gusto y decidiesen quedarse en sus lugares de residencia y no echar la culpa a las prejubilaciones, entre otras, de ese problema, como hacen algunos. Los alcaldes y los partidos políticos, más preocupados por ganar las elecciones, que por mejorar los servicios y pedir medios para ello, dejaron escapar la oportunidad y ahora sólo miran los fondos Miner para tapar su incompetencia y esperar a que los mineros sigamos sacándoles las castañas del fuego. Pero ninguno (o para no errar, quizás alguno), fuera de mantener su imagen o por propia responsabilidad de sus cargos (para eso les pagan), les hemos visto preocupados o casi mejor, en las movilizaciones que los mineros hemos tenido y seguimos teniendo, para defender los pocos derechos que aún nos quedan, ¿dónde estaban los políticos y los alcaldes cuando no se pagan los salarios a los trabajadores de sus municipios? ¿Dónde están esos mismos cuando se movilizan los mineros para intentar mejorar sus condiciones de trabajo? A algunos hemos tenido que pararles en los piquetes para que se «mojaran», puesto que de ellos no ha salido nada de nada. Esos mismos ahora siguen diciendo que hay que defender el empleo en las comarcas mineras, ¿qué empleo, en qué condiciones lo defienden ellos? Pero no sólo son los políticos, sino alguno más, que además de político están también en el mundo sindical. Ellos también defienden que no se puede perder un puesto más de trabajo en las minas, pero por si acaso se marchan fuera del sector y desde esa perspectiva nos dicen a los demás que aguantemos, sabiendo que por mucho que nos empeñemos las cosas no van a mejorar. Es un equilibrio de fuerzas, según se comenta, pero las fuerzas de cada uno, hace tiempo que están definidas y sabemos quién tiene las de perder, ¡ya se ha visto algún que otro ejemplo!. En este país hay mineros de primera clase (funcionarios públicos) que en nada les afecta (salvo para bien) lo que pase en el sector. A ellos no les exigen mayor productividad, mayores rendimientos, menores costes, ¡los que sea, se les dan y punto! Luego estamos los de segunda clase, donde año tras año nos van exprimiendo más y más, deteriorando a su vez nuestras condiciones de trabajo (salarios, ritmos de trabajo, jornada, etcétera) en aras de una mayor competitividad de nuestras empresas, reduciendo costes por mandato europeo y así ser menos costosos para poder seguir manteniendo a los mineros de primera clase. Ha habido recientemente otra reunión del plan, esperemos que no sea otra de las muchas que no han servido para nada. Es necesario ya poner «las pelotas» encima de la mesa y dejarse de tantas palabrerías. ¡A lo mejor es que hay que esperar a Rodiezmo para dar el mitin!, y por lo tanto hay que ir dando largas. Pues se acabó. Dicen que el carbón es un sector estratégico, «una mentira más», no es estratégico es un «sector comodín», ¡ahora me interesas, ahora no!, y año tras año nos siguen dando patada tras patada. Empecemos a hacer las cosas bien. Tomemos los datos de hace una década como mínimo, por ejemplo; veamos en qué condiciones estábamos los mineros, sigamos la trayectoria hasta hoy y miremos todo eso a precios de mercado actuales, la sorpresa será mayúscula, ¡hemos perdido mucho!, lo único que aún nos queda es nuestra dignidad. Definamos las toneladas de carbón autóctono que son necesarias, no en base a que los proyectos que hay en mente estén más o menos desarrollados (gas, energías alternativas y renovables, ITER, etcétera), si no con vistas al nuevo plan 2012, veamos de qué forma se pueden extraer ese mineral y cuántos mineros son necesarios (exterior, interior). Pongamos previamente las condiciones de trabajo en que se tiene que realizar esa explotación de los yacimientos y a partir de esas condiciones vayamos desarrollando el nuevo plan, ¡no al revés!: miremos primero el coste del plan, luego tomemos la parte correspondiente a los mineros de primera clase (HUNOSA) y el resto para los de segunda, ¡y que se las apañen como puedan! Señores políticos y señores sindicalistas, el día 15 cuando se sienten, tengan en su mente a los mineros que en esos momentos se arrastran en las minas, piensen qué futuro les aguarda y negocien después de esa reflexión.