LA VELETA
Carod, un peligro
SE HAN adelantado ya los lugartenientes de Rajoy a advertir sobre las críticas que su líder se dispone a producir, una vez más, contra las más recientes iniciativas del jefe del Gobierno. Al más reciente fichaje del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, se le atribuye el anuncio de que Mariano Rajoy proclamará que el encuentro de Zapatero con Carod-Rovira resultó altamente peligroso para España. Carod viene siendo una especie de enemigo número uno, dos o tres de España, y si se cumplen esos pronósticos de los delfines del PP resulta que es más peligroso que nunca. Precisamente ahora, cuando, tras las casi tres horas de su encuentro en el palacio de la Moncloa, el líder de Esquerra Republicana llegó a la tranquilizadora conclusión y anunció que el Estatuto catalán que está terminando de elaborarse de ninguna manera podría saltarse los marcos o las barreras constitucionales vigentes. Otra cosa es que Carod, como bien nacionalista, reclame que, dentro de esos marcos y barreras, se respete lo más posible el consenso que obtengan los partidos catalanes, pero eso también lo querrán valencianos, andaluces o gallegos, en su momento. De nuevo nos hallamos ante la gran duda: ¿Se quiere y se respeta, y se alienta un Estado de las autonomías, o no demasiado? Esa parece ser la gran cuestión: que el Estado ése de diecisiete regiones, nacionalidades o naciones que integran España sigue asustando y suscitando gravísimas preocupaciones a una parte nada despreciable de la clase política que hubiera preferido el «se acabó avanzar por esa vía» que en su momento determinó de manera tajante Aznar. El expresidente entendió que el Estado de las autonomías había dado ya todo de sí y que era irresponsable dar un solo paso más. Zapatero es de distinta opinión, y prefiere dar a la Conferencia de Presidentes y a los parlamentos regionales la función que parece lógico que les corresponde, siempre dentro de esos marcos constitucionales que se invocan de manera permanente como referencias imprescindibles. Pero, al margen de algunas aspiraciones discutibles, como si Cataluña, Galicia o Andalucía son naciones, comunidades nacionales o regiones de primera, parece que es más deseable tener integrado y feliz a Carod que no reivindicativo y furioso con «los nacionalistas españolistas». Parece que, a la postres, siempre habrá dos Españas: la de quienes buscan soluciones a los problemas o la de quienes hallan problemas insuperables ante cada propuesta de solución.