EL RINCÓN
Oriana da ideas
SIEMPRE que se pisotea un hormiguero quedan supervivientes. Lo mismo ocurre cuando se quiere exterminar a los que previamente se ha declarado enemigos. No lo consiguieron ni Gengis Khan, ni Stalin, ni Hitler, a pesar de intentarlo con ahínco. Quiere decirse que los terroristas sólo pueden conseguir dos cosas: que unas cuantas personas mueran después de haber pasado miedo y que millones de seres humanos sigan viviendo pasándolo. Es su objetivo. Por eso se habla de «sembrar el terror». ¿Acabaremos acostumbrándonos a esta sonora sangría? Un suicida ha asesinado a 60 personas de una tacada en Irak al hacer estallar un camión cisterna. En Turquía una bomba ha reventado un minibús. Un duro golpe para el turismo, ya que muchos viajeros quieren asomarse al Cuerno de Oro, pero no aspiran a irse al cuerno por designio de los extremistas kurdos. Todo eso está pasando diez días después del monstruoso atentado de Londres, mientras Blair defiende los valores occidentales frente al diálogo universal de Zapatero, perito en complacencias. El pánico ha cundido en todas partes, pero sobre todo en Italia. La divina península espera una matanza de un momento a otro y Oriana Fallaci, que lleva tiempo hablando del «nazismo islámico», está suministrando posibles iniciativas. Profetiza que los atentados serán o bien en Navidad o durante las elecciones. La gran periodista combate con su prosa vaginal a todos los que dialoguen con los musulmanes y además señala sus objetivos. No se sabe cómo puede conocerlos, a sus 75 años, enferma de cáncer y viviendo en Nueva York, pero está convencida de que, además de masacrar italianos, los ataques pueden ir contra el David de Miguel Ángel o contra la torre de Pisa, inclinada quizá en señal de respeto a sí misma. Dos cosas que siempre cuentan con espectadores. Casi todos hemos estado allí. A mí me produjo más vértigo el David .