EN BLANCO
La ruina de Carod
CON LA ACTUAL Ley Electoral, se puede obtener un escaño por la provincia de Soria con poco más de veinte mil votos. Obtener un acta de diputado por Madrid o Barcelona requiere cien mil más. Pensado en los orígenes de la Transición para que no quedaran descolgadas las minorías, en la práctica se ha convertido en un hacha para los partidos modestos que concurren en todo el Estado. Es el caso de Izquierda Unida, la gran perjudicada por este sistema. Con casi un millón de votos tiene menos diputados que Esquerra Republicana, que sólo obtuvo seiscientos mil. De eso se ha quejado Gaspar Llamazares en su encuentro con Rodríguez Zapatero, y parece que su queja ha encontrado eco en el ánimo del presidente del Gobierno. El principio de un «ciudadano, un voto» se quiebra con la actual Ley Electoral. El legislador la ideó hace treinta años para no correr riesgos. El voto «rojo» estaba en los cinturones industriales de ciudades como Barcelona o Madrid, siendo conservador el de determinadas áreas rurales poco pobladas. La UCD se aseguró el granero castellano -que después heredó el PP- y el PSOE y el PCE hubieron de trabajarlo en las ciudades. Al final nadie ha querido cambiar este procedimiento que beneficia extraordinariamente a los partidos nacionalistas (CiU y PNV) que sólo se presentan en cuatro y tres provincias, respectivamente, y que siempre han contado con una prima de diputados que nunca les habría correspondido sin las ventajas de esta Ley. Si cambia la Ley , en las próximos comicios ERC pasaría a ser una fuerza marginal.