EL BALCÓN DEL PUEBLO
Romero de Oro
EN EL ALTO de Foncebadón se levanta un símbolo del Camino de Santiago: la Cruz de Ferro. Fue el escenario elegido par la entrega del título de Romero de Oro 2005 al presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera. Se lo otorgó el Centro de Galicia de Ponferrada. Herrera tiene probada vocación de caminante. Quizá más que de peregino. En agosto tal vez haga otra etapa. Si se anima, será la más telúrica del Camino y de la provincia leonesa: desde Foncebadón a Molinaseca. Del paisaje ocre y de soledades, al de besos y escudos nobiliarios. Creo que el presidente era merecedor del reconocimiento. El acto de entrega estuvo bien diseñado. Herrera estará feliz porque logró la gran foto. Esa foto que Ana Pastor le reprochó a Rodríguez Zapatero en su visita al paisaje de cenizas en Guadalajara. Nada encandila tanto a un político como una foto con rentabilidad política. La de Herrera con un retén de trabajadores forestales, mientras todavía permanecen los rescoldos de cenizas ardientes en El Bierzo, con 1.500 hectáreas devastadas, o la sensibilidad a flor de piel de todos los españoles por la tragedia de Guadalajara, con 11 muertos, es una foto inmejorable. No tiene nada de carroñera, pero sí un alto contenido político. No debemos olvidar que Castilla y León envió a Guadalajara los medios de que disponía en esos instantes. Pero al margen de la foto y de la entrega del título de Romero de Oro 2005, Juan Vicente Herrera abordó en Foncebadón numerosos temas. Desde el Plan del Carbón, para el que pidió, al menos, los mismos fondos que destinó el Gobierno de Aznar, a los incendios forestales, el Peit (o sea: Plan Español de Infraestructuras Terrestres), o la sede de la Exposición de las Edades del Hombre en 2007 en Ponferrada. Adelantó que dos consejeros de su gobierno se entrevistarían con los ministros del ramo o con sus altos cargos. El de Medio Ambiente, Fernández Carriedo, con Cristina Narbona, y el de Fomento, Antonio Silván, con el segundo de a bordo de Magdalena Álvarez. Esta ministra y Antonio Silván son incompatibles. La ministra es árida como el Peit, y Antonio Silván es de una sonrisa casi contagiosa. Aunque Herrera fue cuidadoso en las formas, ejerció de crítico sibilino al Gobierno de la nación. El guión no le permite otras alegrías. Herrera no lanzó resoplidos para avivar los incendios, pero sí suaves alientos para que no se apaguen. Ese mismo día la consejera dimisionaria de Medio Ambiente de Castilla-La Mancha, Rosario Arévalo, había sido sometida al tercer grado en el Parlamento manchego. Y ayer, en el Congreso de los Diputados, le tocó a Cristina Narbona dar las explicaciones. Por la tardes se reunía con todos los consejeros autonómicos de Medio Ambiente para dibujar la estrategia de coordinación. Anució que la voz de la Junta se oiría clara, alta y contundente. El otro consejero, Antonio Silván, estaba citado con el Secretario de Estado de Fomento. Quiere saber hasta por dónde pasará un camino de cabras, si es que lo contempla el Peit, en Castilla y León. Prefiero a un riguroso antes que a un tonto. El presidente de la Junta, como quien no quiere la cosa, dijo con sorna: «Espero abordar el Peit con la ministra antes de las Navidades». Yo desearía que en esas fechas brindaran por el éxito de la colaboración.