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FERNANDO DE ARVIZU
León

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MUY PREOCUPADO está el aparato de prensa y propaganda del Gobierno tratando de que lo ocurrido en Roquetas de Mar no le salpique. Le será difícil mantenerse a salvo, aunque esté dispuesto al final a sacrificar al director general de la Guardia Civil. Ya se sabe que en política, como en el ajedrez, a veces hay que sacrificar a un alfil para salvar al rey. Nadie sabe qué pintaba al frente de la Guardia Civil un general del Aire, como no sea porque en su momento facilitó las críticas al gobierno con las primeras identificaciones de las víctimas del Yak-42. En todo caso, la perplejidad fue general y el gobierno nunca justificó el nombramiento. En cuanto a lo de Roquetas, los jueces juzgarán. Pero ni el director general del cuerpo, ni el ministro pueden seguir aplicando el criterio de responsabilidad al nivel más bajo. La delictiva es personal, la responsabilidad política sube y sube hasta llegar a los máximos responsables: Arruche y Alonso. Pero estamos en agosto y ya está bien de política, así que pongamos un toque de humor. Un error deslizado en una de mis columnas me ha hecho recordar algo de otros tiempos, cuando los periódicos se editaban con linotipias y rotativas de plomos. Si había errores, estos se cargaban indefectiblemente en la cuenta de un ser misterioso llamado el duende de las linotipias. A veces los errores eran de tal calibre que aunque cómicos, era imposible pensar que no fuesen intencionados. Viene al caso citar algunos que tuvieron lugar en varios periódicos de provincias antes de la guerra civil. Entonces había una sección común a todos -gacetillas- en la que se insertaban noticias de sociedad para conocimiento de los lectores. Una de ellas decía así: «Ha dado a luz el primer fruto de su matrimonio doña Mengana de Tal, esposa del Capitán de Ingenieros de esta guarnición don Fulano de Cual. Tanto la madre como el niño se encuentran perfectamente. Nuestras felicitaciones a la guarnición». Es de suponer el efecto que causó la gacetilla, pero al parecer no hubo reacción ostensible. Al poco tiempo, el duende, que tenía ojeriza a los militares, volvió a dar noticia de otro nacimiento, pero cambió la coda: «Felicitamos a sus numerosos padres». Esa vez sí que hubo reacción, hasta el punto de que el gacetillero fue obligado a rectificar, pero lo hizo con muy mala idea: «Por error, en vez de decir numerosos padres, quisimos decir venturosos», con lo cual se enteró todo el mundo. En otra ocasión se trató del hijo de un conocido industrial de la ciudad, cuya esposa había alumbrado felizmente. El duende aprovechó que junto a los natalicios figuraba una crónica municipal, traspuso una línea y, tras dar la noticia del feliz parto, añadió: «¿Sabe algo de esto el señor alcalde?». También se daba noticia de las enfermedades, y un gacetillero novato escribió: «Guardan cama la señorita Menganita de Tal y don Fulano de Cual». El redactor-jefe, al revisar la prueba, le reprendió por la equívoca redacción, de manera que el autor de la noticia puntualizó: «Guardan cama (separadamente) la señorita...», etcétera. Parece ser que el padre de la interesada acudió bastón en mano al periódico, pero el autor de la malevolencia no se puso a su alcance. Feliz final de vacaciones.

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