Publicado por
ANTONIO PÉREZ HENARES
León

Creado:

Actualizado:

MUCHOS ESPAÑOLES, y no somos en absoluto viejos, vivimos y sufrimos la dictadura, la falta de libertad, la opresión, la inexistencia de derechos ciudadanos, políticos y sindicales. En suma, una tiranía impuesta por la fuerza y el miedo. Algunos padecieron también, y otros fuimos testigos, la represión sobre su lengua, su cultura y sus señas de identidad. Fue hace muy poco, no llega ni a treinta años, pero algunos, señaladamente los que ni la combatieron, ni la sufrieron ni pusieron los medios para salir de aquel esperpéntico horror, pretenden dejarnos sin la memoria y sin las enseñanzas que ésta atesora para la sociedad española. Porque los españoles salimos de aquello. Lo hicimos con generosidad, verdadera valentía, sentido de la responsabilidad y del futuro. Entre muchos y de muy diversos sitios, se alumbró la democracia y se dio a luz a la Constitución de la libertad. Los derechos de las personas fueron al fin respetados y de la misma manera se revivieron los de las regiones y nacionalidades: el veloz proceso autonómico nos llevó a ser, en un abrir y cerrar de ojos, el estado mas descentralizado de Europa donde algunas autonomías gozan de regímenes de autogobierno sin parangón en todo el Continente. Lo de Irlanda del Norte, tan cacareada, en cuanto a autonomía está a años luz por debajo de cualquiera de las nuestras. Le ofrecen eso al País Vasco y no lo acepta ni el PP. Han sido años de progreso, de avance político, social, cultural y económico. Han sido los mejores años de la historia moderna de España. Sólo la lacra del terrorismo de ETA, que no aceptó ni democracia ni autonomía ni libertad, ha sido la pesadilla de todos y cada uno de nosotros. Pero parecía, incluso, que estábamos a punto de acabar con ella. Y resulta que, ahora, los delirios nacionalistas y de personajes como Maragall, el enemigo público número uno del socialismo y del PSOE por mucho que se camufle entre sus siglas, sin que haya en absoluto la mas mínima demanda social, sin necesidad alguna, tan sólo por puro e intransigente fanatismo y ambición política, quieren destruir todo aquello, todo el equilibrio, el andamiaje, nuestra Carta Magna y la fuente de lo mejor que han levantado, juntos, los españoles. La deriva es insensata y hay quien dice, resignado, que imparable. ¿Por qué ha de serlo? Por qué va a ser inevitable la catástrofe si tan sólo la pretenden cuatro políticos sin escrúpulos ni sentido alguno de servicio a la sociedad y unos cientos de miles de seguidores fanatizados. ¿Acaso el pueblo español y sus deseos ya no cuentan para nada? ¿Va a ser, de verdad lo creen, tan fácil hacer cachos su nación y sus leyes?

Cargando contenidos...