Publicado por
B. CABEZAS GONZÁLEZ-HALLER
León

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L A SOCIEDAD moderna se empezó a fundamentar sobre el principio de igualdad. Y se avanzó bastante en este sentido. Sin embargo, este principio se sacó del discurso político en el mismo momento del entierro del comunismo, simbolizado con el derribo del muro. A partir de ese momento, el significado del socialismo se elimina de la cultura occidental y la socialdemocracia, que mejora la calidad de vida en los países de la Vieja Europa, se somete a las reglas del capitalismo puro y duro, que fustiga lo público y los derechos sociales. A partir de 1998, no sólo se liquidó el principio de igualdad, se ha consolidado la práctica de las desigualdades y se han justificado. Entre las presiones de la que imponen las multinacionales y la miseria de los sentimientos que cultivan los partidos nacionalistas (hasta en León cultivan el instinto ciego del nacionalismo. Estamos hartos de leer el « León solo»), los estados nacionales se han debilitado y para suplir la debilidad se han aliado con el poder económico de las multinacionales. No nos dejemos engañar: no podemos hablar de democracia si se legisla dando prioridad al poder económico a costa del sacrificio de la mayoría de los ciudadanos. El Estado regula, a la baja, los salarios y los servicios sociales, privatiza todas las empresas públicas y contrata a precio alto a empresas privadas los servicios públicos a cuenta de los impuestos que los ciudadanos pagamos. Y eso para enriquecer a las grandes empresas, mientras las pequeñas quedan excluidas. Ejemplo: todos los analistas coinciden en que Alemania ha sido la locomotora de la economía europea. Y, al mismo tiempo, todos coinciden en que su economía está muy afectada por los efectos de la globalización salvaje. El diagnóstico es grave: el crecimiento económico es el menor de los quince, tiene cinco millones de parados, el déficit público supera el 3%, que es límite impuesto por la CE, el endeudamiento del sector publico supera el billón y medio de euros, todos los días se destruyen unos mil puestos de trabajo y más de 40.000 pequeñas y medianas empresas quiebran cada año. El problema se agravará, porque este mes hay elecciones y, según las encuestas, las perderá Gerhard Schröder, por hacer ajustes a favor del modelo capitalista y reducir las prestaciones sociales. Y las ganará Angela Merkel, que defiende los principios del FMI. O sea, barrer los derechos sociales. La pregunta: ¿Por qué Alemania, siendo la mejor, ha llegado antes que otros países a esta situación social y económico? Porque el sistema no le permite mantener la calidad de vida de la que vienen gozando los alemanes. Pero los alemanes están mucho mejor que los españoles. Si hacemos comparaciones, podemos decir que la media de las pensiones es tres veces superior a las españolas, los salarios el doble y las prestaciones sanitarias son notablemente mejores. Cuando en España hay meses de espera, en Alemania la atención es rápida. Si Alemania, que es el país más industrializado de Europa, está mal, qué pasará en España, y otros países, no tardando mucho, cuando se venga abajo la construcción y no reciba fondos europeos. Si hacemos el análisis sobre el gasto sanitario del conjunto de la sanidad española comprobamos que tiene un déficit. Nadie sabe exactamente cuánto, pero puede llegar este año a los siete mil quinientos millones de euros. Claro, llegar a esta situación hay que calificarlo como falta de sensibilidad, desprecio a la sanidad pública y, por tanto, a los ciudadanos que la utilizamos y, sobre todo, falta de prevención y gestión a favor de la sanidad privada (los que gobiernan y los ricos tiene garantizada la asistencia puntual con los mejores especialistas). En España se viene arrastrando el deterioro de la sanidad pública debido a la política sanitaria pensada para beneficiar la privada. Todo el afán, sobre todo de los políticos de la derecha, ha sido y es debilitar el sistema público, tanto en sanidad como en educación. Una gran parte del gasto sanitario va destinado a pagar a las clínicas privadas. Esto ocurre en todas las comunidades, pero con gran descaro en las gobernadas por el PP. Concretamente, utilizan las clínicas privadas, con el pretexto de reducir las listas de espera, Madrid, Valencia y Castilla y León. El sindicato UGT, que sigue el proceso, ha hecho público que la Junta de Castilla y León, no ha reducido el tiempo de espera. Lo que ha conseguido, con ese pretexto, es desviar más enfermos al sector privado. La consecuencia: deterioro de la sanidad pública para dar más dinero a la privada. En vez de construir más hospitales y pagar mejor al personal sanitario y facilitar el acceso de las nuevas generaciones de médicos, pues hacen lo que no deben. Siguiendo con el ejemplo de Alemania: en España se dedica a sanidad 953 euros por persona y año; Alemania dedica 1.600 euros por persona y año. ¡Quién está mal de los dos? Otro ejemplo. Desde Estados Unidos se impone al resto del mundo pasar por el aro y el que no pasa le incluyen en eje del mal . Los sometidos a los dictados de EE. UU. hablan de los valores occidentales. ¿Qué valores tiene Occidente, a excepción del valor del dinero?. El capitalismo los ha borrado a todos (Nietzche le atribuye al capitalismo la muerte de Dios). Nuestra vida se reduce a trabajar -y no hay para todos- con salario bajo, a consumir lo que nos venden, a pagar la hipoteca, la letra del coche y el peaje. Lo único que nos queda de las conquistas es la liberación del cuerpo para el sexo. ¿Qué valores son estos? Según los papeles desclasificados, y difundidos por la CNN, la Casa Blanca negoció en 1998, mucho antes del atentado de las torres, con el gobierno de los talibanes, matar a Osama Bin Ladem. Ahora quieren matar al presidente de Venezuela. Si la conducta de los llamados civilizados es así, ¿qué valores defendemos? Los montes arden. La ministra Narvona dijo que teníamos que tomarnos en serio esto. Mantiene que la mayoría de los fuegos son intencionados. ¿ Quién prende fuego? Hay varios: los tontos, los descuidados, los pirómanos, los rayos... pero la mayoría son provocados por interesados en el negocio de la madera y de la repoblación. Investigar los últimos subcontratistas de la cadena, los que utilizan las grandes empresas que adquieren en exclusiva los contratos de repoblación, quizás fuera una buena cosa. Antes quemaban el monte para hacer urbanizaciones. Ahora, algunos, queman el monte para asegurar la subcontrata. Nada mejor que eliminar el negocio de la repoblación para reducir al mínimo el fuego. ¿No es una catástrofe que se queme el monte de esa manera por falta de recursos? ¿Por qué no su utilizan los militares, que están mirándose unos otros o entreteniéndose en hacer cosas poco útiles? Si quieren -de verdad- los gobiernos central y de las comunidades autónomas reducir al mínimo los incendios, sólo tiene que eliminar el negocio de la repoblación. La alternativa: utilizar el Ejército en apagar y repoblar y los pocos pobladores rurales que quedan, y voluntarios, e incluso presos que gozan de semilibertad. Algunos incluso podrían curarse de la depresión que les afecta. Ministra, a ver s i le obedecen y se toman esto en serio.

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