EN POCAS PALABRAS
Europa se queda atascada
CUANDO BLAIR pasó a ostentar la presidencia de turno de la UE, el naufragio de la Constitución Europea era un excitante tema de debate. Políticos, intelectuales y analistas de toda guisa comenzaron a interrogarse sobre las causas del desastre y sobre los hipotéticos caminos que habría que recorrer para recomponer la figura europea y ofrecer nuevos horizontes al ideal integrador. Pero llegó el verano, y con él la inactividad. Lo más grave del caso es que esta desatención a Europa, esta salida súbita del problema europeo de los periódicos y los debates, no parece preocupar a nadie. Diríase que no se echan en falta ni la Constitución Europea ni los discursos recurrentes sobre cómo y cuándo ir más allá en lo que probablemente ha llegado hace tiempo a la meta.