Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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SE DICE que están ocurriendo muchas cosas nuevas bajo el sol. Quizá la más fácilmente observable sea que al sol se le están fundiendo los plomos. La aceleración del deshielo en el Ártico hace que algunas osas polares se dediquen a tejer jerseys de punto para sus oseznos. Dentro de medio siglo, según aseguran los científicos, se acabará la nieve y empezará la importación de neveras. No es una buena noticia, como tampoco lo es la subida del IPC en España. La inflación ha subido y las inversiones extranjeras han bajado, pero a las cosas que tardarán en venir le damos mucha menos importancia que a las que han llegado. Los que vengan detrás que arreen, piensa cada generación, y ahora lo que más preocupa entre nosotros es precisamente lo que algunos llaman «degeneración de la juventud», por no llamarle de la adolescencia. Mi inolvidable Chumy Chumez, que era una de las personas más alegres y más pesimistas que me haya sido dado conocer, me decía que los niños verdaderamente precoces son los que nacen muertos. No cabe duda de que es una forma de llegar antes al sitio donde algunos queremos «llegar tardando», pero hay otras formas de precocidad que de momento son las que preocupan. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, dice que uno de cada cuatro jóvenes, entre 14 y dieciocho años, se emborracha cada diez días. ¡Toma castaña! Hipócrates, padre de la ciencia médica, más bien abuelo, recomendó una cierta embriaguez mensual, como método para limpiar humores, pero emborracharse cada diez días es una barbaridad. No hay que emborracharse nunca. El que no sepa beber, lo mejor es que lo deje directamente. O que no beba más que agua mineral etiqueta negra.Lo que no puede admitirse es que «los jóvenes de ahora» sean distintos. El cambio climático quizá sea verdad, pero los jóvenes son siempre los mismos. Vuelven con otros nombres.

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