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ANTONIO NÚÑEZ
León

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VOLVIÓ de fin de semana Zapatero a su pueblo, que es éste, y prometió una planta de biodiesel de 60 millones de euros, un cuartel militar de élite con capacidad para mil reclutas y, otra vez, el famoso Inteco, que, según jura mi hija pequeña por Snoopy y la cobertura de su móvil, es como una play-station a lo bestia , aunque sin pilas. Lo del biosiesel al parecer consiste en que llenas el depósito del tractor, aras 65.000 hectáreas, siembras colza (también vale tocar madera), destilas el producto, obtienes alcohol de quemar, por otro nombre metanol, y vuelves a echarlo al depósito para que el tractor y el sector agrario sigan furrulando. Eso es todo. Franco, cuando en la posguerra no había gasolina, inventó también los coches a gasógeno. En cuanto a los cuarteles con mil nuevos empleos en el viejín campamento de El Ferral -y otros quinientos inducidos entre chigres y casas de putas, así como suena, mi sargento, para qué vamos a engañarnos- el proyecto parece viable con sólo colocar estratégicamente carteles que levanten la moral de la tropa ciudadana: «póntelo, pónselo, a mí la legión». Así de fácil. Lo del Inteco, en cambio, es ya una cosa como más virtual, que lo mismo puede consistir en que te pongan una antena de telefonía movil encima de la salida de humos del water -tan inócua que hasta mi suegra ha vuelto a tener la regla- como que cuando hagas zapping en la tele no distingas a Curro Jiménez del mono androide de la Guerra de las Galaxias, ni siquiera por las patillas. O la barba del algarrobo Rubalcaba.

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